Los ligues de Alejandro Magno: el más sexy, Bagoas

A Alejandro Magno (1) se le conoce por haber creado uno de los mayores imperios del mundo. En los 33 años que vivió acaparó un territorio que abarcaba desde Grecia hasta el valle del Indo, pasando por Egipto. Se quería tanto que nombró a más de cuarenta ciudades con su nombre. Llevó a cabo una “política de fusión” (como tantos restaurantes actuales) y añadió, al más puro estilo romano (2), modales y costumbres árabes.  Su muerte sigue levantando teorías propias de una novela de Agatha Christie. Dejó huérfanas un conjunto de aldeas y ciudades que se dividirían en muchos imperios pequeños, ya que nadie volvió a tener la buena mano de Alejandro

Bagoas

Francisco Bosch  interpretando a Bagoas  Fuente

Un regalo muy especial: Bagoas

Bagoas

Alejandro Magno, Narbazares y Bagoas (1470-1475). Fuente

Cuando Alejandro irrumpió (3) en el temible Imperio aqueménida (4) (o persa, para los amigos) se creyó que la victoria oriental iba a ser aplastante. Sin embargo, tres años después, dio muerte a Darío III (el emperador persa) en Gaugamella (5), con la hegemonía de su tierra en las maltrechas polis griegas y consolidada la frontera balcánica a sus espaldas. En este contexto, el general Narbazares, para salvarse de ser ejecutado, regaló al emperador varios obsequios, entre los que se encontraba uno muy chulo, Bagoas. Para tener una imagen en la cabeza, hay que imaginar a un chaval alto, muy delgado, de pecho liso y brazos lánguidos. Un pelo muy largo y rizado moreno recogido en una tiara y una piel olivácea .

El origen de Bagoas es un tanto confuso, aunque se cree que fue hijo de una familia noble persa venida a menos. Siendo muy joven lo convirtieron en eunuco, es decir, le quitaron sus genitales masculinos. Lo que viene siendo capar de toda la vida…

¿Qué es un eunuco?

La privación de los genitales puede ser, por un lado, parcial y, por otro, total. La primera es la castración (bien mediante un corte, bien inutilizando los testículos mediante golpes). La segunda, mutilando tanto el pene como los testículos. ¡Que dolor! ¡Abstenerse remilgados!

Con la denominación de eunuco se hacía referencia a unos hombres poco viriles o afeminados que se ocupaban del harem y eran los “putos” de los nobles, emperadores y reyes. Debido a que perdían su “virilidad”, estos jóvenes eran físicamente bastante afeminados.

El amor entre Bagoas y Alejandro 

Alejandro se enamoró a primera vista de aquel bailarín que apenas rozaba los 18. Y Bagoas, que en un primer momento aborrecía el carácter bárbaro de Alejandro Magno, empezó a desearlo (6). El que fue el favorito de Darío III lo sería del emperador.

Hay que recordar  que la homosexualidad masculina estaba bien vista, siempre y cuando se ejerciera un rol activo.  El ser  pasivo denigraba al hombre que lo fuera, lo que hoy denominaríamos boys o gigolós.

Alejandro y Hefestión

Colin Farrel, Alejandro Magno y Jared Leto, Hefestión, su mejor amigo. Fuente

Sin embargo, el muchacho persa era plenamente consciente de que no era el único en el punto de mira del conquistador. Tras desposarse o casarse con dos mujeres nobles persas, Alejandro no desatendería sus labores maritales, aunque para que naciera su hijo, hubo que esperar a que Alejandro ya estuviera muerto hacía cuatro meses. Aunque, a pesar de todo, siempre hubo un hombre que le disputó aquella relación perfecta: el mejor amigo de Alejandro, Hefestión.

Tenían la misma relación que Patroclo y Aquiles. los héroes de la Ilíada de Homero. Bagoas, aguantándose las ganas de matar a Hefestión, se propuso seducir a Alejandro en los quince días previos a una campaña que los separaría. Pero Bagoas no debía estar celoso, ya que Alejandro llegó a llamarlo “erómeno”, que quiere decir, la persona amada.

Un secreto a voces

La relación entre Bagoas y el emperador era bien conocida por sus tropas. Plutarco relata uno de los episodios donde esta pasión queda enmarcada como en un cartel de neón brillante. El suceso ocurrió durante algunas festividades de regreso de la India. Plutarco relata cómo, borrachos como cubas, los soldados macedonios de Alejandro le animaron a besar a Bagaos. Incentivado por su mejor amigo, Hefestión, Alejandro rodeó con los brazos a su eunuco y lo besó con pasión.

No mucho después de este momento moriría Hefestión, dejando a Alejandro totalmente destrozado. Ahí Bagoas se dio cuenta del dolor que le produjo la muerte del amigo de su amor y de cómo Alejandro no volvería a ser el mismo. Pasaría poco tiempo antes de que muriera el propio macedonio. Finalmente, es muy posible que el destino de Bagoas fuera acabar vendido como esclavo sexual de otro amo o asesinado, aunque no está claro su final.


Referencias

(1) [Grecia, 356 a. C. – Babilonia, 323 a. C]

(2) Los romanos tendían a adoptar los dioses y costumbres de los pueblos que iban conquistando. Así, creaban un cóctel de costumbres y religiones variopinto.

(3) En el 334 a. C.; Barceló,  2007, pp. 122-123.

(4) Conocido como el Imperio persa. A raíz de la expansión de Ciro II ocupó los territorios de los actuales estados de Irán, Irak, Turkmenistán, Afganistán, Uzbekistán, Turquía, Rusia, Chipre, Siria, Líbano, Israel, Palestina, Grecia y Egipto. Roldán, 2003, pp. 140-145.

(5) Cerca de Mogul, Irak. Pese a que Darío III eligió esta llanura para favorecer a sus tropas, la táctica militar de Alejandro Magno consiguió vencerlo.

(6) Olguín, 2011.

(7) Plutarco, 2003, pp 125

“Ante el clamor de los hombres para que besara abiertamente a Bagoas, Hefestión se sentó junto a él y aplaudió tan contento junto a los macedonios, que hicieron aclamaciones y no pararon de aplaudir y gritar hasta que Alejandro puso sus brazos alrededor de Bagoas que lo besó apasionadamente”


Bibliografía 

  • Barceló, P., 2007, Breve Historia de Grecia y Roma, Alianza Editorial, Barcelona.
  • Olguín, S., 2011, “Bagoas, el eunuco que amó a Alejandro Magno”, resennasdenimphie.blogspot.com.es, 15 de enero de 2011.
  • Plutarco, 2003, Vidas paralelas: Alejandro Magno — César. Traducción e introducción de Antonio Guzmán Guerra, Colección: El libro de bolsillo Clásicos de Grecia y Roma, Alianza Editorial, Barcelona.
  • Renault, M., 1994, El muchacho persa, Salvat, Oxford.
  • Roldán, J. M, 2013, Historia de Roma, Ediciones Universidad de Salamanca, Salamanca.

Ángela Ramos González

Estudiante de Periodismo y Humanidades apasionada de la Historia y de la literatura.

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