Las bombas que no ganaron la guerra

Cuando nos imaginamos como fue el final de la Segunda Guerra Mundial en el océano Pacífico nos suelen venir a la cabeza dos imágenes icónicas: un grupo de soldados americanos izando la bandera en la isla de Iwo Jima y las bombas nucleares de Hiroshima y Nagasaki.  Esta segunda imagen se suele tomar como punto final de la Guerra, pero algunos historiadores cuestionan esa importancia. Estos críticos con la historia “oficial” defienden que no fueron solamente las bombas lo que incitaron a Japón a rendirse, si no que hay que valorar también el papel de la ofensiva del ejército ruso sobre Manchuria y las Islas Kuriles que se produjo al mismo tiempo que el lanzamiento de las bombas.

Tropas japonesas entregando sus armas a un oficial ruso. Fuente

Tropas japonesas entregando sus armas a un oficial ruso. Fuente

En la Conferencia de Yalta, Stalin prometió a las potencias occidentales que la Unión Soviética entraría en guerra contra Japón tres meses después del final de la guerra en Europa. Así pues, el ataque soviético sobre los territorios japoneses se inició el día 8 de agosto de 1945, tres meses después de la rendición alemana. Este ataque se produjo entre los bombardeos atómicos de Hiroshima (6 de agosto) y Nagasaki (9 de agosto). La ofensiva se inició sobre la provincia de Manchuria, que limitaba con la Unión Soviética, y se llevó a cabo con gran velocidad y en un movimiento de pinza que demostró ser una auténtica “Guerra Relámpago” soviética. El ataque destruyó gran parte del ejército continental japonés (84.000 muertos y 600.000 prisioneros), que fue incapaz de hacer frente a la superioridad en armamento mecanizado y a la potencia aérea de las tropas rusas. Finalmente, un gran desembarco sobre las Islas Kuriles y la conquista del norte de Corea pusieron fin a las operaciones soviéticas.

Mapa que muestra las líneas de ofensiva rusas sobre los territorios japoneses. Fuente

Mapa que muestra las líneas de ofensiva rusas sobre los territorios japoneses. Fuente

Pese a sufrir los devastadores efectos atómicos, las autoridades militares niponas seguían siendo partidarias de mantener la lucha, puesto que no se sabía cuantas bombas habían fabricado los americanos y Japón todavía controlaba gran parte del continente asiático; sin embargo, no contaban con la declaración de guerra soviética y el fulgurante ataque sobre los territorios continentales bajo control japonés. La ofensiva rusa provocó una grave crisis de gobierno en Japón. El gobierno del almirante Suzuki sufrió un profundo cambio con la retirada de los ministros contrarios a las tesis pacifistas. El ataque ruso, que había puesto de manifiesto las carencias del ejército japonés, dejó en entredicho a los partidarios de mantener la guerra y situó la invasión americana en un segundo plano. Japón había basado su estrategia defensiva en proteger el sur y el este, pero había dejado completamente desprotegidos el norte y el oeste, por lo que los soviéticos podrían invadirles mucho antes que los americanos. En definitiva, la defensa del territorio nacional quedaba completamente desbaratada ante una invasión exterior y permitía a los partidarios de poner fin a la guerra iniciar negociaciones de paz.

Gobierno del almirante Suzuki (en rojo) que se encargó de la negociación con los americanos. Fuente

Gobierno del almirante Suzuki (en rojo) que se encargó de la negociación con los americanos. Fuente

Los dirigentes nipones sabían que si los rusos invadían Japón pondrían fin al Imperio y establecerían un régimen comunista afín, como habían hecho en la Europa del Este. Por eso, el gobierno se apresuró a negociar con los americanos, pese a ser el enemigo demonizado por la propaganda, puesto que estos sí permitirían el mantenimiento de la institución imperial. Además, la firma de la rendición a los americanos permitía al emperador Hirohito evitar la deshonra por la derrota frente a su pueblo, alegando la imposibilidad de oponerse al poder atómico americano.

Tropas soviéticas colgando la bandera roja en el ayuntamiento de una ciudad de la provincia de Songjiang, China. Fuente

Tropas soviéticas colgando la bandera roja en el ayuntamiento de una ciudad de la provincia de Songjiang, China. Fuente

Por su parte, los americanos estaban dispuestos a poner fin a la guerra cuanto antes y con el menor esfuerzo bélico posible. Tampoco veían con buenos ojos una conversión comunista de Japón, un posible aliado futuro frente a la URSS, por lo que estaban dispuestos a garantizar el mantenimiento del emperador siempre y cuando se sometiera a su vigilancia y fuera aceptado por el pueblo japonés. Además, con la rendición japonesa, podían ocultar a la opinión pública la participación soviética en el “teatro del Pacífico”, en el que había sido de gran ayuda pese a su tardía participación. Por este motivo, en la firma de la rendición japonesa el 2 de septiembre de 1945, que fue el gran acto final de la Segunda Guerra Mundial, el protagonismo quedó en manos de las autoridades norteamericanas.

Sin duda, los bombardeos atómicos fueron decisivos para minar la moral japonesa, pero no fue lo único que motivó su rendición. El ataque de la URSS y la consiguiente amenaza que suponía para la supervivencia del emperador, pieza clave de la unidad nacional japonesa, hicieron decantar definitivamente al gobierno hacia la rendición frente a los americanos a cambio de salvar el sistema imperial.


Bibliografia

  • Clayton Chun, J., 2013, Japan 1945: From Operation Downfall to Hiroshima and Nagasaki, Osprey Publishing, Oxford
  • Hasegawa, T., 2005, Racing the enemy. Stalin, Truman and the surrender of Japan, Harvard University Press, Londres
  • Rees, D., 1997, The defeat of Japan, Praeger, Chicago

Gerson Pastallé Milià

Graduado en Historia por la Universidad Autónoma de Barcelona. Interesado en la Hª Contemporánea en general y en las relaciones internacionales.

2 comentarios:

  1. eduardo cavada lattapiat

    completo el análisis del final de la guerra y hace hincapié en algo que muchas veces olvidamos o lo dejamos como de poca relevancia, el papel de la Urss. Añadiría que la otra postal de ese conflicto es el de los buques , aviones incendiados y miles de personas asesinadas en el ataque por sorpresa sobre Pearl Harbour. Las guerras sacan a flote lo peor del ser humano, la venganza y eso fue lo que ocurrió con las bombas atómicas.

  2. Felicitaciones,muy buen artículo, me abrió los ojos frente a otros detalles del fin de la segunda guerra mundial;muchos éxitos!

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