¡¡¡¿¿¿Qué hay para comer???!!! Canibalismo en la Prehistoria

Canibalismo en Atapuerca. Fuente

Tema peliagudo donde los haya. Es nombrarlo y a nuestra cabeza asoma la imagen del explorador, con gorro de safari, metido dentro de una enorme olla hirviendo, rodeado de individuos que se adornan con un hueso en la cabeza y se relamen de gusto. O también un banquete de zombis, tipo “Walking dead”. La antigüedad del fenómeno caníbal, ejemplo en la Dordoña prehistórica (Francia) o Atapuerca (España) no excluye ni su actualidad, ni su permanencia.

Al comienzo del tercer milenio, el hombre occidental persiste en ver la antropofagia (canibalismo) como una práctica bárbara, una costumbre salvaje propia de individuos atrasados, sin cultura, próximos a la animalidad. Ahora bien, al margen de la moral, sin juzgar, condenar o bendecir.

¿ Tenemos evidencias de canibalismo entre los humanos?

Saturno devorando a sus hijos. Ejemplo de canibalismo

Saturno devorando a sus hijos. Fuente

Hay muchos yacimientos que sostienen esta teoría. Se han descubierto restos humanos fragmentados y con marcas de corte en los huesos que parecen probar el canibalismo entre los pueblos prehistóricos. El caso más antiguo demostrado ha sido descubierto en la Gran Dolina, en Atapuerca con casos de Hono antecesor. Sin embargo, el asunto parece generalizarse es con los neandertales. Así, muchos de sus yacimientos presentan indicios que avalan tales costumbres.

Por centrarnos en España (por sacar pecho), nos detendremos en Atapuerca.

Entre los restos humanos encontrados, se identificaron más de un centenar de diferentes partes esqueléticas de un mínimo de nueve individuos (dientes sueltos y fragmentos de hueso) con marcas de herramientas de piedra. Los huesos más delgados están astillados, al parecer tronchados con las manos. Aunque no es de extrañar, todavía no habían inventado el tenedor.

Hay pruebas indiscutibles (contrastadas por expertos y esas cosas) que demuestran que algunos humanos resultaron ser víctimas de otros de su misma especie. En estos casos, sus restos canibalizados fueron abandonados y mezclados con residuos de animales consumidos. Ya se sabe, cuando el hambre aprieta… No sabemos si se trataba de momentos de hambruna o si estos homínidos formaba habitualmente parte de la dieta. Los huesos fósiles recuperados corresponden a casi todas las áreas del esqueleto. Vamos, que somos como los cerdos, se nos come de todo menos las uñas. 

Unas “delicatesen”culinarias

Canibalismo en la prehistoria

Canibalismo en la prehistoria. Fuente

Como diría cualquier forense televisivo: “los huesos hablan”. Estos indican una intensa actividad de descarnación. Algunas de estas huellas son características del proceso de descuartizado de cualquier animal. Por ejemplo, la docena de estrías en uno de los huesos craneales, justo detrás de las orejas, provocadas en el gesto de cortar el músculo esternocleidomastoideo (repite, que no te ha salido) para separar la cabeza del tronco. ¡Qué asco! Así, sin anestesia ni nada.

Otras estrías muy significativas se localizan en la mano, probablemente se hicieron con el fin de cuartear el miembro superior. Por su parte, los huesos de la cara han conservado, en la zona de la mejilla (también llamada mofletes), marcas profundas para cortar las áreas musculares entre la nariz y la boca. También las mandíbulas registran numerosas incisiones superficiales de raspado, vestigio del posible desmembramiento del cráneo. En lo que respecta a las costillas, las estrías se localizan en las zonas de los músculos torácicos con el fin de seccionarlos y acceder fácilmente a las vísceras. Incluso los dedos de las manos y pies conservan marcas de corte de amputación o descarnación.

Por supuesto, los detalles del banquete han quedado en la sombra, sometidos a la imaginación de cada cual.

¡Cómo te quedas?

En definitiva, hace aproximadamente unos 900.000 había canibalismo. Las causas de la muerte en éste y otros yacimientos quizá nunca lleguemos a conocerlas. Sin embargo, podemos tratar de explicar el porqué y plantear algunas reflexiones.

El canibalismo es un hecho cultural; sólo los hombres introducen en el arte de comer a su prójimo, un sentido o una motivación. Además, es necesario distinguir entre cazadores-recolectores simples y complejos: en ninguno de ellos apreciamos la existencia de violencia organizada o de actos guerreros. Entre los primeros predomina un canibalismo gastronómico. A lo Arguiñano. Debió suceder en pocas ocasiones, quizá aprovechando muertes por causas naturales. Los cazadores complejos, por su parte, desarrollaron rituales para justificar el canibalismo. Para hacernos una idea: la clásica pelea de los sábados por la noche que, en vez de acabar en un hospital, termina en la cazuela. 

Modalidades para todos los gustos…

Así pues, para clarificar todo esto y dejarte con la boca abierta, existe una clasificación para los tipos de canibalismo. Por parentesco, puede ser: endocanibalismo, comerse a miembros del propio grupo, o exocanibalismo, comerse a personas de otro grupo. Vamos, que depende de quién te cayese peor, tu cuñado o tu vecino. Según la causa de la muerte, puede ser natural, consumición de amigos o parientes (sí, incluye a la suegra), y no natural, consumición de enemigos mediante violencia. Existe el canibalismo patológico (necrofilia), que actualmente es delito. Cultural: con consentimiento social. De supervivencia: ante situaciones de hambre extrema. Gastronómico y ritual: incluye la religión, el mundo mágico y funerario.

El consumo regular de carne humana puede explicarse, asimismo, como un comportamiento repetido a lo largo del tiempo o como un suceso puntual. No se mata para comer, se come al que está muerto. Se difunde una actitud ante la muerte, porque sólo los hombres han inventado respuestas culturales para vivir con el hecho de tener que morir. El canibalismo manifiesta un grado de cultura singular, diferente del nuestro, sin duda, enlazado con el refinamiento de una civilización y sus ritos, más que con la barbarie o el salvajismo. En definitiva, la verificación de comportamientos caníbales en la Prehistoria confirman las sospechas de los arqueólogos y prehistoriadores. Queda pues demostrado nuestro pasado caníbal.


Bibliografía

  • Bate, L. F., 1986, “El modo de producción cazador-recolector o la economía del salvajismo”, Boletín de Antropología Americana, 13, pp. 5-31.
  • Botella, M. C.; Jiménez, S. A., et al., 2003, “Canibalismo en dos lugares neolíticos españoles. Estudio comparativo”, Antropología y Biodiversidad, pp. 65-77
  • Botella, M. C. y Alemán, I., 1998, “Las huellas del canibalismo”, Archivo español de Morfología, 3, pp. 75-86.
  • Lozano, M.; Bermúdez de Castro, J.Mª, et al., 2009, “Nonmasticatory uses of anterior teeth of Sima de los Huesos individuals (Sierra de Atapuerca, Spain), Journal of Human Evolution, 55, pp. 713–728.
  • Mateos A., 1999, “El consumo de grasa en el Paleolítico Superior. Implicaciones paleoeconómicas: nutrición y subsistencia. Espacio, Tiempo y Forma, Serie I, 12, pp. 159-182.
  • Cervera, J.; Arsuaga J.L.; Bermúdez de Castro J.M.; Carbonell, E., 1998, Atapuerca un millón de años de historia. Plot ediciones, Editorial complutense, Madrid.

Marta Huelves Molina

Grado en Geografía e Historia por la UNED. Me apasiona la Historia de Grecia, muy especialmente la de Esparta. Mi interés último es poner en valor la posición social de las mujeres.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *