¡Tapáos las vergüenzas! O cómo se censura a los artistas renacentistas

Qué bonita la censura, qué útil, ¡qué maravilla! ¿Qué es eso de ir enseñándolo todo? Eso debieron de pensar los asistentes al Concilio de Trento entre 1545 y 1563. (1) Este Concilio establecía, entre otras cosas, que los santos estaban a la altura de la misa, así que nada de meterse con ellos. (2) Sus imágenes debían exponerse en los templos, y recibir unos honores dignos de su condición.

Por medio de las historias de nuestra redención, expresadas en pinturas y otras copias, se instruye y confirma el pueblo (…). Además que se saca mucho fruto de todas las sagradas imágenes (…) porque se exponen a los ojos de los fieles los saludables ejemplos de los santos y los milagros que Dios ha obrado por ellos, (…) así como para que se exciten a adorar y amar a Dios, y practicar la piedad. Y si alguno enseñare o sintiere lo contrario a estos decretos será excomulgado. (3)

En resumen, si te pasas con los santos, te indicamos dónde está la puerta para que te vayas.

“Gracias” a esto, los artistas tuvieron que andar con pies de plomo a la hora de elegir el tema de sus obras. El desnudo se consideraba inmoral y obsceno, y sólo podía utilizarse en las escenas mitológicas, y en contadas ocasiones en las religiosas. Tres buenos ejemplos de esta censura son Masaccio, Veronés y Miguel Ángel.

Masaccio y la primera pareja, una cuestión de pelotas

Masaccio (4) era un jovenzuelo que se buscaba la vida como pintor, era amigo de Donatello y Brunelleschi; fue quién estableció el uso de la perspectiva en la pintura… Y oye, si le encargaban afrescar una capilla, pues lo hacía. Pero tuvo el error de representar a Adán y Eva desnudos, ¡en pelota picada! La obra aguantó 200 años sin sufrir la censura, pero a finales del s. XVII se cubrió el fresco con discretas hojas de parra. Así estuvo hasta los años 80s, cuando una nueva restauración devolvió el fresco a su estado original.

Eva y Adán censurados

La expulsión de Adán y Eva, con y sin  hojas de parra. Fuente/Fuente

Mejor cenamos en tu casa que en la mía no me dejan

Veronés (5) lo tuvo peor que Masaccio y tuvo que declarar ante un tribunal después de ser acusado de blasfemia y falta de decoro. ¿La razón? El cuadro Cena en casa de Leví, anteriormente llamado Última cena. En él se representaban niños jugando, bufones, hasta Jesús charlando tranquilamente con otros comensales. Vamos, todo cosas muy normales y muy banales. Y eso no puede ser, por Dios. ¿Qué es eso de que Jesús esté de colegueo? Cuando Veronés fue a declarar (6), le obligaron a cambiar el cuadro entero, pero él se negó y sólo hizo pequeñas modificaciones: quitó a un hombre que le sangraba la nariz y cambió el título por Cena en casa de Leví. (7) Así, Jesús podía estar de charleta porque no estaba en su última cena, sino en casa de otro.

cena en casa de Levi, obra censurada

Cena en casa de Leví, de Veronés. Fuente

Tapaditos estáis más guapos

Pero el caso más famoso de censura artística en el Renacimiento es el del Juicio Final de Miguel Ángel. O… cómo esconderlo todo con unos calzones. Este fresco (8) causó un escándalo grandioso. Cuando la obra estaba acabada, el público en general lo tachó de obsceno, demasiados desnudos religiosos para los ojos del s. XVI.

El revuelo fue tal que incluso el poeta Aretino hizo una campaña de desprestigio contra el pintor, llegando a tacharlo de homosexual (9). Bueno, a ver, a lo mejor esta campaña era más bien un acto de venganza porque Miguel Ángel no le había regalado unos dibujos que él quería. En cualquier caso, escribió una carta en la que, básicamente, lo acusaba de vago y ladrón. Esta carta tuvo sus copias, que circulaban por Venecia, intentando dejar por los suelos el prestigio del pintor, aunque nada de esto impidió que el mismo papa le pidiera que pintara la capilla Paulina en cuanto acabó el Juicio Final.

En la última sesión del Concilio de Trento se habló en exclusiva de este tema. Algunos proponían destruir directamente el fresco, pero al final se llegó a la conclusión de que se mandaría cubrir las vergüenzas de las figuras. Así que el nuevo pintor buen hombre acabó teniendo el mote de Il braghettone, a base de poner calzones. Las sobrepinturas las llevaron a cabo varios artistas, durante décadas. (10) Afortunadamente, el fresco ahora está restaurado y podemos verlo en todo su esplendor.

Juicio final con la censura resaltada

Juicio final, con los calzones resaltados. Fuente/Fuente

La eterna lucha contra la censura

Al final, la censura es como todo. Muchas veces, es cuestión de subjetividad, como hemos visto al papa no le importó ver tanto desnudo. A lo mejor las conversaciones entre Iglesia y artistas eran un poco como esa de los Monty Phyton (vídeo aquí). La censura de la Iglesia, con sus ideas sobre lo que es decoroso y no, han cortado las alas a los artistas, limitando siempre su creatividad, por mucho que las obras siguieran siendo buenas (al final, el que vale vale).  Por desgracia, la censura no es cosa de siglos pasados. Sin embargo, hay que hacer como hacían los artistas: transgredir y saltarse las normas. Si no hubiera sido por eso, estos tres a lo mejor no hubieran sido tan célebres.


Referencias

(1) “Fue una reunión de los principales cargos de la Iglesia para tratar temas eclesiásticos; convocado por el Papa y que repercutía a toda la cristiandad. Concretamente lo convocó el papa Pablo III, no sólo para responder a la Reforma protestante sino también para fijar el dogma católico tras la degradación y crisis a que había llegado la Iglesia católica en el siglo XVI”. (http://blogs.ua.es/contrarreforma/el-concilio-de-trento/)

(2) Además, establecía que existía el purgatorio, se censuraría la publicación de documentos contrarios a la fe, los obispos y los sacerdotes tenían que estar en lo más alto del ejemplo ético (y para ello los formaban en seminarios especializados), la edición de la Biblia de 1592 sería la mejor de todas (la más fiable, la más católica) y se reinstauraba la Inquisición, aunque con el nombre de Santo Oficio (que surgió en el s. XIII y se instauró en España en 1478. En Roma surgió la Congregación del Santo Oficio en 1542 que evolucionó a la actual Congregación para la Doctrina de la Fe).

(3) El sacrosanto y ecuménico Concilio de Trento (traducido por Ignacio López de Ayala), 1847, Ramón Martín Indár, Barcelona, p. 331.

(4) Florencia, 1401 – Roma, 1428.

(5) Verona, 1528 –Venecia, 1588.

(6) Interrogatorio de Veronés ante el tribunal.

(7) Pintó la inscripción “FECIT. D. CÔVI. MAGNÛ. LEVI-LUCAE CAP. V” (Leví ofreció un gran convite al Señor. Lucas capítulo 5).

(8) Encargo del papa Pablo III en el que empleó 4 años, de 1537 a 1541.

(9) Zöllner, F. y Thoenes, C., 2010, p. 247.

(10) Después de que Pío IV pidiera Daniele da Volterra tapar las partes pudendas de los personajes, Pío V encargó lo mismo a Girolamo de Faro, y Clemente VIII quiso cubrir todas las figuras del fresco.


Bibliografía

  • García, D., 2008, Miguel Ángel. Cartas, Alianza Editorial, Madrid.
  • Nieto, V., 1993, Tommaso Masaccio, Historia Viva, Madrid.
  • Pittaluga, M., 1960, La Chapelle Sixtine, Edizioni del Drago, Roma.
  • Zöllner, F. y Thoenes, C., 2010, Míguel Ángel. Vida y obra, Taschen, Colonia.

Enlaces externos

Tour virtual por la Capilla Sixtina

Eva Vera

Licenciada en Historia y Teoría del Arte en la Universidad Autónoma de Madrid y la Università di Pisa. Mi especialidad es el Renacimiento italiano.

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