Charlotte Corday, la revolucionaria que se cargó a Marat antes de perder la cabeza

Charlotte Corday

Fotograma de una película
dedicada a Charlotte Corday. Fuente

Erase una vez la Revolución francesa (1), cuando el pueblo llano (2) se sublevó contra la monarquía, la nobleza, el clero y sus privilegios. De hecho, esta revuelta marcó el inicio de la Edad Contemporánea, ni más ni menos. Precisamente, Charlotte Corday fue una hija de la mismísima Revolución. ¡Abajo el Antiguo Régimen (3) y arriba la burguesía!

Pues bien, a los revolucionarios más radicales (4), liderados entre otros señores por Marat (5), se les fue un poco de las manos. Se vinieron arriba y decidieron que todo aquel que no estaba completamente de acuerdo con ellos, y con sus métodos, estaba en su contra y era un enemigo de Francia. Y cómo no, a los traidores, había que darles caza. No debieron tener en cuenta que la violencia sólo engendra más violencia. Y, claro, luego pasa lo que pasa, llega el tío Paco con la rebaja y nos echamos las manos a la cabeza.

Y es que aquellos revolucionarios no estaban todos a una como en Fuenteovejuna; por un lado, estaban estos radicales montañeses (6), con sus métodos sanguinarios (si os digo “guillotina”, ya me entenderéis), y por otro lado, los más moderados, los girondinos. Y en lugar de unir sus fuerzas, en aras de conseguir la libertad y la igualdad que pretendían conquistar en un principio, se convirtieron en enemigos irreconciliables, dejando tras de sí una larga lista de caídos en combate. ¡Ay! El pueblo y su manía de dividirse.

La indignación de Charlotte Corday. ¡Peligro a la vista!

Charlotte Corday

Retrato de Charlotte Corday (Joseph Nicolas Robert Fleury). Fuente

Es en este contexto tan agitado, donde hemos de situar a nuestra protagonista, la dulce y culta Charlotte (7). A Charlotte se le partía el corazón viendo como aquellos héroes girondinos, que habían iniciado la Revolución que ella tanto admiraba, eran ahora perseguidos y condenados al hacha revolucionaria, repelidos por sus mismos compañeros.

Por esta razón, la leída y girondina Charlotte, decidió tomarse la justicia por su mano y poner fin a tan injusta cacería. Con la intención de salvarlos a todos y traer la paz a Francia, decidió cargarse a sangre fría a aquel monstruo que para ella era Marat, culpable directo de la caza que se les estaba dando a los girondinos (8). Muerto el perro, se acabó la rabia, como se suele decir. Y es que nuestra amiga defendía una república fundada en leyes y en virtudes, al estilo girondino, no sangrienta y por narices, como pretendían Marat y sus amigos jacobinos. Así que, ni corta ni perezosa, decidió dar caza al cazador de girondinos, con la esperanza de poner fin al terror que el susodicho estaba generando.

Charlotte estaba horrorizada y escandalizada ante la Francia monstruosa, llena de cadalsos y de sangre, y también de cabezas rodando, que la actuación de Marat y los suyos vaticinaba. Y entre tanto monstruo, puso el ojo sobre Marat por agitador: aquel hombre, con sus escritos era capaz de envilecer a cualquiera y de caldear el ambiente hasta alcanzar temperaturas infernales. Para Charlotte era, sin duda alguna, el culpable de este ambiente tan grotesco, y el enemigo a abatir (9).

Planeando el crimen, que es gerundio

Esta idea se grabó en el cerebro de Charlotte Corday a fuego, convirtiéndose en una obsesión: nuestra amiga se nombró a sí misma salvadora de la patria, y se encomendó la noble misión de frenar los ríos de sangre que estaban a punto de derramarse. Se dedicó a planear dicha misión en cuerpo y alma, día y noche, con la mente bien fría, sin levantar sospechas. Cuando ató bien todos los cabos, partió hacia París, para llevar a cabo su salvífico plan (10).

Marat

La muerte de Marat (Jacques-Louis David). Fuente

Ya en la ciudad de la luz, nuestra damisela se dirigió a una cuchillería y compró una flamante navaja con mango de ébano, con su estuche y con su todo, y se la escondió debajo de su vestido (11). De vuelta a la posada donde se hospedaba, imaginó mil formas distintas de acabar con Marat. ¿Lo mataría en la intimidad de su propia casa, o en mitad de la Asamblea, a la vista de todos los diputados (12)? Si hubiese podido elegir la segunda opción, habría sido un acontecimiento más que pintoresco: la Asamblea, ese lugar donde los representantes de los distintos estamentos se reunían para decidir el futuro de Francia, testigo de semejante sacrificio humano en nombre de la paz.

Sin embargo, en aquellos días Marat estaba enfermo, recluido en su casa, por lo que a Charlotte sólo le quedó una alternativa (13). Debía penetrar en el hogar de aquel vil cazador para ponerle fin a su vida de un tajo. Para que la recibiese, llegó a escribirle dos cartas donde se lo camelaba, alegando que tenía secretos muy importantes que comunicarle para el interés de la república, y fingiendo estar perseguida, le pedía su protección (14). La argucia de Charlotte coló por completo y consiguió que Marat le abriese las puertas de su morada.

¡A matar! Que son dos días…  

Charlotte Corday tras asesinar a Marat

Charlotte después del asesinato de Marat. Fuente

En cuanto llegó a su casa y Marat escuchó su voz, aquel hombre reconoció en seguida a la autora de las misteriosas cartas, y la dejó pasar sin titubear un segundo (15).

Una vez que lo tuvo frente a frente, a solas, completamente desprotegido, pues el hombre estaba tomando un baño, en un principio fingió: afirmaba conocer a un puñado de girondinos, que estaban refugiados (16), y le reveló sus supuestos nombres.

Cuando Marat afirmó severamente que todos ellos pasarían por la guillotina, la furia de Charlotte se hizo presente. Sacó el cuchillo que recientemente había adquirido y se lo clavó en el corazón (17). El cazador había sido cazado. A penas pudo decir ni pío. La Gironda se había vengado de la Montaña. ¡Esto parece Juego de Tronos! Es lo que trae consigo tanta violencia… que, a veces, uno recibe de su propia medicina.

Charlotte se olía la tostada 

Charlotte Corday no hizo esfuerzo alguno por escapar: permaneció en aquella estancia, de pie, inmóvil, junto al cuerpo sin vida de Marat. Allí mismo confesó el crimen y fue prendida (18). Serena, sosegada, implacable. Sería la sarna con gusto, que no pica. Le dieron palos hasta en el cielo de la boca, y se la llevaron para sentenciarla a muerte (19), abucheada y vapuleada por el pueblo en el trayecto. Pero, ¿tan mala rata es quién acaba con un verdugo?

Ella era plenamente consciente de su fatal destino, lo tenía asumido desde un principio. Dio su vida para ponerle fin a la guillotina y al terror (20). El asesinato les vino de lujo a los montañeses, que no dudaron en atribuirlo a los girondinos, teniendo así un gran motivo para seguir con la caza (21).

Finalmente, tras pasar por el Tribunal Revolucionario, Charlotte Corday fue condenada a muerte y guillotinada en la Plaza de la Concordia, cuatro días después de haberle puesto fin a la vida de Marat (22). Pobre de ella si hubiese levantado la cabeza y hubiese sido testigo de que su sacrificio no sólo no detuvo la violencia, sino que la incrementó. Por desgracia, el Régimen del Terror de los montañeses no había hecho más que comenzar. ¡Ni los Lannister dan tanto miedo! Moraleja: quien a hierro mata, a hierro muere. A palos, amigos míos, no se puede arreglar el mundo.

Reina de la gran pantalla y de videojuegos

Charlotte en Assassin’s Creed Unity. Fuente Portada de película sobre Charlotte. Fuente

Nuestra Charlotte la lío tan parda, que hoy en día sigue de moda: su historia ha sido llevada al cine en más de una ocasión (23). Además, su “jugada” ha sido recreada en el famoso videojuego Assassin’s Creed Unity (24), que se centra en la Revolución francesa.

El asesinato de Marat, forma parte de los “asesinatos por resolver”, uno de los contenidos secundarios del juego. ¡Vaya spoiler que os he hecho! ¡A jugar, que ya conocéis la identidad de la asesina! Para que luego digan que las mujeres no han hecho la historia.


Referencias

(1) 1789-1815.
(2) El pueblo llano o Tercer Estado, estaba compuesto tanto por la burguesía, como por las clases sociales más bajas. Ver Sieyès, 2003, para conocer más sobre el Tercer Estado. (Emmanuel Sieyès escribió esta obra en 1789).
(3) En el Antiguo Régimen, la sociedad francesa estaba dividida en tres estamentos (clases sociales): nobleza, clero (con grandes privilegios) y Tercer Estado o pueblo llano. Además, reinaba una monarquía absolutista. Durante la Revolución francesa, el Tercer Estado, conquistó el poder político, pretendiendo acabar con la sociedad estamental (aunque al mantener que la diferencia entre hombre y mujer era legítima, los jacobinos –los revolucionarios más radicales- dieron lugar a una nueva división estamental: la del género). Así, estos burgueses aspiraban a un nuevo modelo económico, social y político: el régimen liberal. Ver Martin, 2013, pp. 43-103, y McPhee, 2003, pp. 11-78, para conocer más sobre los orígenes de la Revolución francesa y la caída del Antiguo Régimen.
(4) Por un lado, estaban los revolucionarios más radicales, llamados jacobinos o montañeses; por otro lado, estaban los revolucionarios más moderados, llamados girondinos, que mostraron su rechazo a prácticas jacobinas, como el uso de la guillotina.
(5) Jean-Paul Marat era médico, burgués y uno de los jacobinos más significativos. A fin de cuentas, fue un gran protagonista, sin duda, de la Revolución francesa. Veía al príncipe como al enemigo y al pueblo como un héroe, e implantó esta idea en la conciencia colectiva de la revolución. Para empezar, criticó duramente a los revolucionarios más moderados (los girondinos), considerándolos “demasiado blandos”, enfrentándose abiertamente a ellos. Por esta razón, junto a Robespierre y a Danton, defendió una revolución violenta y armada, implacable ante todo aquel que se interpusiese en su camino (los jacobinos o montañeses implantaron el Régimen del Terror, usando la guillotina a diestro y siniestro, contra la realeza, la nobleza, y también contra sus compañeros revolucionarios girondinos). Sin duda, los escritos de Marat inspiraron la violencia de los sans-culottes (los jacobinos de las clases sociales más bajas). Él mismo condenó a muerte al líder girondino Brissot, que antaño había sido su discípulo. Será la protagonista de este artículo quien se tomará la revancha. Muller y Bocquet, 2012, pp. 476-477.
(6) Los montañeses (llamados así por el lugar de los asientos que ocupaban en la Asamblea) también eran llamados jacobinos.
(7) Charlotte Corday, nació el 27 de julio de 1768 en el seno de una familia noble, pero pobre. Pasó su niñez en el campo y perdió a su madre a muy temprana edad. Como consecuencia, su padre, tras este terrible suceso, decidió enviarla a Caen, a un convento de monjas. Allí aprendió a escribir, a bordar y a dibujar. Posteriormente, tras estallar la Revolución, las órdenes religiosas se abolieron y regresó a casa de su padre, en Argentan, donde se dedicó al estudio, convirtiéndose en una joven muy instruida, reflexiva y profunda, gran amante de la lectura. Sin lugar a dudas, la magia de la Revolución la sedujo en profundidad, y produjo en ella un gran anhelo de libertad y de república, pero una república fundamentada en leyes y rica en virtudes (no la república salvaje que promovían los jacobinos). Era una gran admiradora de Brissot, líder girondino, y partidaria de sus ideas. Después, cuando los girondinos, perseguidos por los montañeses (jacobinos), corrieron a refugiarse a Caen, Charlotte Corday empatizó mucho con ellos, considerándolos mártires de la libertad y empapándose de sus discursos. Lairtullier, 1841, pp. 84-92.
(8) Charlotte Corday pensaba que con la muerte “del asesino de la ley” (de Marat), volvería a florecer la paz en Francia. Michelet, 1863, pp. 120-129.
(9) Para Charlotte, la salvación de la república dependía de la eliminación de Marat, cuyos escritos no hacían más que engendrar espanto. Lairtullier, 1841, pp. 93-94.
(10) Tejió su plan para asesinar a Marat con mucha destreza: para empezar, se ocupó de todos los asuntos que dejaba tras de sí antes de marchar a París, además, disimuló sus intenciones a la perfección, sin levantar sospechas ni entre sus más allegados. Después, durante su viaje a París, tampoco nadie que se topase con ella pudo vaticinar sus futuras intenciones. Finalmente, tras llegar a la ciudad, se hospedó en una posada, donde reposó hasta el día siguiente. Lairtullier, 1841, pp. 95- 98.
Ya en la ciudad, el 12 de julio de 1793, Charlotte Corday se puso en contacto con Duperret, uno de los diputados de la Asamblea. Cuando se reunió con éste, le explicó que acababa de llegar de Caen, y que tenía en su casa un paquete con cartas de Barbaroja y varios folletos, pidiéndole por favor que le acompañase a ver al ministro Garat. Duperret accedió a acompañarla a ver al ministro al día siguiente (Lairtullier, 1841, pp. 98-99). Previamente, le había pedido a Barbaroja una carta de recomendación, para poder ponerse en contacto con Duperret, y así conseguir que éste le acompañase al encuentro con Garat. Lairtullier, 1841, pp. 95-96.
(11) Lairtullier, 1841, p. 99; también, Michelet, 1863, p. 126.
(12) Lairtullier, 1841, p. 99; también, Michelet, 1863, p. 126.
(13) Lairtullier, 1841, p. 100; también, Michelet, 1863, p. 126.
(14) Lairtullier, 1841, pp. 100-101.
(15) Al entrar en casa de Marat, primero tuvo que pasar por la “inspección” de Catalina, la pareja de Marat, pero nada pudo detener a Charlotte Corday: cuando Marat escuchó su voz, reconociendo a la muchacha de las dos misivas que había recibido, ordenó que la dejasen pasar. Lairtullier, 1841, pp. 101-102 y Michelet, 1863, p. 128.
(16) Charlotte le habló de los girondinos que había conocido en su ciudad, en Caen; supuestamente los estaba delatando ante Marat (en realidad, como ya sabemos, ella quedó prendada por aquellos hombres, y su testimonio fue lo que la impulsó a cometer el asesinato de Marat).
(17) Lairtullier, 1841, p. 102 y Michelet, 1863, pp. 128-129.
(18) Lairtullier, 1841, pp. 102-103.
(19) El Comité de Salud Pública (el órgano ejecutivo de los montañeses), se trasladó al lugar para interrogar a Charlotte, la cual confesó que había asesinado a Marat para poner fin a la guerra civil que éste estaba desatando en Francia: era consciente de que la iban a matar por ello, pero gustosa afirmaba dar su vida para lograr la paz en Francia. Lairtullier, 1841, p. 103.
(20) En la carta que dejó escrita para Barbaroja, Charlotte afirmaba ser consciente de que su destino sería la muerte. Cuando se la llevaron para ajusticiarla, tuvo algún momento de flaqueza, viendo que la cuchilla se cernía cada vez más cerca de su cabeza y observando la agitación que había provocado entre el pueblo; temió que la descuartizasen de camino a la guillotina. Más tarde, en prisión, fue interrogada nuevamente por el acusador público, Fouquier-Tinville. Lairtullier, 1841, p. 103.
(21) Corrieron la voz de que Charlotte no era más que un instrumento enviado por los rebeldes diputados girondinos. Lairtullier, 1841, p. 104.
(22) Para conocer el encarcelamiento, los interrogatorios a los que fue sometida, la condena y la ejecución de Charlotte, ver Lairtullier, 1841, pp. 107-134 y también, Michelet , 1863, pp. 130-138.
(23) Historia de una Revolución, 1989: https://www.filmaffinity.com/es/film320248.html
Charlotte Corday: El asesinato de Marat, 2008: https://www.filmaffinity.com/es/film977879.html
(24) Podéis ver la guía para completar la misión del asesinato de Marat en: https://xombitgames.com/2014/12/assassins-creed-unity-asesinato-jean-paul-marat

Bibliografía

  • Lairtullier, E., 1841, Las mujeres célebres en Francia desde 1789 hasta 1795 y su influjo en la Revolución, Imprenta de Juan Oliveres, Barcelona.
  • Martin, J. C., 2013, La Revolución Francesa, Crítica, Barcelona.
  • McPhee, P., 2003, La Revolución Francesa 1789-1799, Una Nueva Historia, Crítica, Barcelona.
  • Michelet, J., 1863, Las mujeres de la Revolución, Imprenta de José de Rojas, Madrid.
  • Muller, C. y Bocquet, J. L., 2012,  Olympe de Gouges, Editorial Sinsentido, Madrid.
  • Sieyès, E., 2003, ¿Qué es el Tercer Estado? Ensayo sobre los Privilegios, Alianza Editorial. Edición de Marta María Lorente y Lydia Vázquez, Madrid.

Ana Morillas Cobo

Estudiante de filosofía y escritora. Mis áreas de mayor interés son la filosofía política, la ética en todas sus variantes y la antropología. Actualmente, colaboro en la asociación juvenil de escritores de Mancha Real "Hoja en Blanco". Cinéfila, melómana, devoradora de libros, amante de los animales, defensora del medio ambiente, y de firmes posiciones feministas y marxistas.

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