El Cid Campeador ¿vasallo modélico o guerrero soberbio?

¿Quién no ha oído hablar del Cid Campeador? Gracias a obras como el Cantar de mio Cid o la Primera Crónica General nos ha llegado la idea de este héroe ejemplar. Pese a ser desterrado dos veces por su rey, nunca se enfrentó a él, sino todo lo contrario. Pero, ¿es esta la realidad? ¿Fue Rodrigo Díaz de Vivar ese héroe que recogió todas las virtudes feudales y valores morales de su tiempo?

Fue hijo de un infanzón (1), Diego Laínez. Este, siendo joven, entró en contacto con la familia real de León encabezada por Fernando I. Esto le permitió tener relación con sus hijos: Sancho, Alfonso y García, y sus hijas Urraca y Elvira.

Un reino partido y repartido 

El rey Fernando I, viendo cercana su muerte, decidió hacer testamento, en el cual repartía el reino entre sus hijos. Como es costumbre entre los niños ricos, ninguno acabo contento con lo que les había tocado.

El Cid Campeador

El Cid Campeador. Fuente

Sancho, consideraba que por ser el mayor debía reunir en sus manos todos los dominios. De esta manera, inició su particular reconquista con la ayuda de su gran amigo y colaborador el Cid Campeador.

La verdad es que esta forma de repartir las posesiones de un reino hizo que las relaciones entre hermanos no fueran muy pacíficas. Por lo general, se podría decir que en esta época las celebraciones navideñas no eran muy cordiales y que los “regalos” podrían ser envenenados, literalmente.  Paradójicamente Sancho se unió a Alfonso para quitarle el reino a su otro hermano. Y después Sancho venció a Alfonso y lo expulso, se podría decir que en el campo no hay amigos y menos en el de batalla.

Pero pronto las cosas darían un giro radical para Alfonso. Su hermano Sancho moría asesinado por uno de sus colaboradores. Alfonso, que era el heredero natural de su hermano, se convirtió en rey y se puede decir que le tocó la lotería. Ahora, el Cid Campeador (quién había vencido a Alfonso) pasaba a ser vasallo de este y seguramente Alfonso no profesaría mucho cariño por la mano derecha de su hermano.

El Cid Campeador al auxilio de “su” rey

Jura de Santa Gadea. con el Cid Campeador

Hiraldez de Acosta, Jura de Santa Gadea (1864). Fuente

Alfonso, antes de acceder al trono castellano, se vio obligado a jurar que él no había tenido nada que ver con la muerte de su hermano. Esto queda plasmado en algún romance y alguna crónica (2)El que aparezca en la primera crónica ordenada por Alfonso X nos lleva a pensar que esta jura pudo haberse producido.

En un romance (3) se ve cómo el “modélico vasallo” utiliza un lenguaje altivo y descarado contra el rey. Además, al verse Alfonso obligado a realizar la jura, como “venganza” le expulsó del reino durante un año. Sin embargo, Rodrigo se fue desafiante, con sus hombres.

Esta supuesta expulsión no se corresponde con el primer destierro del Cid (4). El noble Cid Campeador demostró no ser un hombre muy temeroso de Dios, como lo eran todos los caballeros de la época. Este se fue a servir al rey moro de Zaragoza pasándose rápidamente de un bando a otro. Incluso luego vuelve de nuevo con Alfonso en cuanto los almorávides entran en la Península. Pero bueno, ya se sabe, renovarse o morir.

El Cid, señor de Valencia

Una vez “vencidos” los almorávides, Rodrigo Díaz recibió una suculenta recompensa. El Cid entonces se pone a viajar y utiliza que está de un lado para otro para conseguir varios tributarios y de paso, aumentar su poder. Esto seguramente no le hizo mucha gracia a Alfonso ya que ahora Rodrigo se estaba volviendo “famosete” por territorios no cristianos.

A Alfonso no le quedaba ya demasiado orgullo y vuelve a pedirle a Rodrigo que le ayude porque los almorávides le iban a hacer trizas. Rodrigo acepta (ya ves tú) pero con esto de hablar las cosas con prisa, se equivocan en el punto de encuentro y no se llegan a juntar. Alfonso que ya estaba bastante cansado de Rodrigo termina por acusarlo de traición y lo destierra, de nuevo.

El Cid aprovechó la oportunidad para hacerse autónomo y consiguió crear su propio principado en tierras levantinas. No se puede negar que los almorávides tenían mucho miedo a Rodrigo (incluso muerto), ya que otra Alfonso lo perdona para tenerlo de su parte mejor que desaprovechado. Total, ni si quiera se volvieron a ver.

Lo que nos ha quedado del Cid Campeador

La imagen que nos ha llegado del Cid se basa sobre todo en el Cantar de mio Cid. No se sabe seguro cual fue el objetivo de esta obra, pero los datos históricos nos hacen pensar que tenía dos fines claros. La primera, crear la imagen de un gran héroe. La segunda, evitar la mala imagen del rey Alfonso. Pero una vez más debemos separar la realidad de la ficción. La realidad nos muestra a un Cid que actúa como un mercenario que solo se mueve por interés dándole igual a quién servir siempre que la recompensa sea buena. Aún así, dos siglos después la imagen del sumiso Rodrigo Diaz de Vivar se había superpuesto a la del altivo Cid Campeador.


Referencias 

(1)  Noble hidalgo cuya potestad sobre sus posesiones era limitada.

(2) Primera crónica general.

(3)  Jura de Santa Gadea.

(4) El primer destierro sucede en 1081. Rodrigo atacó una zona del reino taifa de Toledo sin el permiso del rey Alfonso. Esto enfureció al soberano que en esos momentos estaba intentando anexionar Toledo. Esta es la verdadera razón de la expulsión del Cid. Según el Cantar del Cid, se fue abatido y lleno de dolor jurando que lucharía para volver a merecer el cariño de su rey.


Bibliografía 

  • Alvarez A. y Palenzuela, V., 2002, Historia de España de la Edad media, Editorial Ariel, Barcelona.
  • Manzano E., 2006, Conquistadores, emires y califas: Los omeyas y la formación de al-andalus,  Crítica, Barcelona.
  • Minguez, J. M., 2004, La España de los siglos VI al XIII: Guerra, expansion y transformationes ; en busca de una frágil unidad, Nerea, San Sebastián.
  • Miranda, F. y Guerrero, Y., 2008, Medieval: Territorios, sociedades y culturas, Silex Ediciones, Madrid.
  • Vázquez Rial, H., et al., 1992, Historia de la Edad media, Editorial Ariel, Barcelona.
  • Anónimo, 2011, Romance de la Jura de Santa Gadea.

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