Dame veneno que quiero morir

El verdugo se negó rotundamente a ejecutar a una mujer. Una botella de coñac no fue suficiente para que Antonio López Guerra (el mismo verdugo que mataría a Jarabo en Madrid tan solo dos meses después o a Salvador Puig Antich en Barcelona) (1) no fuera capaz de hacer su “trabajo”. Al final, las autoridades lo llevaron a rastras hasta el patíbulo, donde juraría no volver a matar a una mujer.

Garrote vil

Ejecuciones grupales a garrote vil. Fuente

Pilar Prades fue la última mujer ejecutada por el macabro método del garrote vil, en 1959. Contaba entonces con 31 años (2). Condenada por envenenar a las señoras a las que servía en sus casas, la “envenenadora de Valencia” fue la protagonista de una de las noches más negras de la historia judicial española (3). La impresión que supuso matar a Prades para los que se encontraban allí presentes hizo que, por ejemplo, el fiscal que llevó el juicio dedicase desde aquel momento su vida a luchar contra la pena de muerte en España. Este tipo de condena quedó abolida definitivamente en 1995 (antes de ayer…), con una Constitución de por medio que no fue capaz de erradicarla por completo.

Esta no es una historia de asesinos al uso como vengo contando en casos anteriores. Esta es la vida de una asesina que no dejó dormir a nadie en la ciudad aquella noche (4). Es cierto que mató a una mujer y lo intentó con dos más, pero la ejecución de Prades mostró aquella noche la virulencia de la pena de muerte, e hizo cuestionarse a todos los implicado en aquel caso porqué hizo lo que hizo. Nadie quería matarla, a pesar de que era culpable (5). 

Pilar con tan sólo 12 años y con una infancia más que desgraciada, no tuvo más remedio que seguir el camino de las otras muchas muchachas de su edad azotadas por la postguerra. Se fue a servir a casas de familias adineradas de Valencia. Se haría “sirvienta” para poder sobrevivir en el mundo, hasta que encontrase una cosa mejor.

veneno asesina valencia

Pilar Prades. Fuente

Se dice que Prades era poco agraciada, introvertida y de gesto adusto (7) (un poco seria, vamos). De casa en casa y de señores en señores, Pilar fue desarrollando una personalidad solitaria, ambiciosa, controladora, y anhelante de una vida como la de sus “dueños” (recordemos que buscaba algo mejor que barrer, planchar, fregar, hacer la comida y cuantas  cosas más se le antojasen a sus señores). Dos cuestiones que hicieron que poco a poco en Pilar comenzase a nacer un deseo de querer ejercer a toda costa el control de las casas en las que trabajaba. En uno de sus primeros trabajos como sirvienta y ayudante en el negocio familiar, Prades ansiaba por encima de todas las cosas ser ella la dueña y señora de aquel negocio y de aquella vida. Por eso no dudó ni por un segundo en “quitar de en medio” a la que realmente lo era.

Se dice que generalmente las mujeres asesinas en serie son más exitosas, cuidadosas, precisas, metódicas y tranquilas al cometer sus crímenes (8); aunque siempre hay excepciones que confirman la regla: recordemos a nuestra querida Isabel Báthory y sus 650 víctimas despellejadas vivas. En el caso de Pilar, tuvo la suficiente paciencia y frialdad como para ir suministrándole a su “dueña”, ricos caldos y tisanas para “curar” un repentino y brusco dolor de estómago. Así la dueña no tenía reparo en pedir más caldos y tisanas cada vez que sentía el dolor de estómago para aliviarlo, sin saber que lo que realmente pedía era: “dame veneno” (ya sabéis como continúa el título…).

Al final ocurrió lo inevitable, logró asesinar a la señora de la casa envenenándola con el condimento que le echaba a los caldos y tisanas, arsénico. Pero cual fue su mala fortuna que el marido de su dueña no quiso que siguiese trabajando para él y la despidió. De nuevo quedó Pilar tocando con la yema de los dedos su nueva y mejor vida, y sin lugar donde ejercer su control. Sin embargo, no tardó en encontrar un nuevo trabajo. En la segunda casa en la que se instaló ocurrió exactamente igual que en la primera, la necesidad enfermiza de poder ser algo más que una desgraciada sirvienta la llevó a volver a usar veneno : consiguiéndolo primero con la cocinera y después casi lográndolo con la dueña, utilizando para ello la misma receta de cocina (casualmente todas tenían repentinos dolores de estómago). Pero aquí la jugada le volvió a salir mal. Tanto que fue el fin de su vida.

El envenenamiento es considerado como un crimen silencioso y secreto, difícilmente detectable y que requiere de una intencionalidad real (6) y palpable del asesino (vaya lo que se conoce comúnmente como cometer un crimen con alevosía). Es por ello que la justicia del momento consideraba que este tipo de asesinatos eran realizados con gran frialdad y que por lo tanto, debían ser castigados de una forma ejemplar, de manera que no le queden ganas a nadie de probar suerte matando con veneno. Y el garrote vil podemos decir que es un castigo más que ejemplar….

Treinta y seis horas de interrogatorios no bastaron para que Pilar se reconociera autora de haber usado el veneno  9). El abogado que se encargó de su defensa le advirtió a Pilar desde el primer momento que la amenaza de pena de muerte planeaba sobre el caso, y le aconsejó que se declarara culpable para obtener una condena que oscilara entre los 12 y los 16 años de prisión. Pero ella se negó y defendió su inocencia hasta el final (10).

Hasta el último momento se tuvo esperanza en que llegaría el indulto de la pena de muerte para Prades. Los abogados y cuantos conocieron la historia que encerraba su vida, a pesar de lo que hizo, sólo veían a una muchacha de 31 años que no había conocido nada más que la miseria, la agonía, el deseo incontrolado de mejorar a toda costa, la soledad, la angustia y la pena. Era un fracaso social y no tuvo la oportunidad de absolutamente nada más. Sólo encontró una manera de conseguir algo positivo en su vida, y era arrebatando una mejor. Nada justifica lo que hizo Prades, pero tampoco como le quitaron la oportunidad de aprender algo mejor.

En plena actualidad y apogeo de programas de televisión mañaneros que investigan y esclarecen este tipo de casos, donde todo el mundo sabe por qué el asesino o la asesina hizo lo que hizo y cual debe ser la pena ejemplar que se le debe imponer; todos explican con una “magistral” y morbosa profesionalidad que la justicia es frágil y que no es suficiente. Y puede ser que no lo sea, pues cada uno de nosotros medirá en sus propias escalas de valores y según la implicación que tenga con el caso, cuando es suficiente y cuando no. Lo que no podemos permitirnos como sociedad es volver a no dar oportunidades de mejorar.

"El Verdugo"

Fotograma de la película “El Verdugo” de Berlanga. Fuente

* La historia de la última mujer ejecutada en España ha sido la inspiración de la película «El Verdugo» de Berlanga (11), clásico del cine español y una obra maestra del humor negro que recomiendo encarecidamente.


Referencias

(1)/ (2) Costa, 2009.

(3)/(4/(5) Villatoro, 2016.

(6) Berraondo, 2012.

(7) Costa, 2009.

(8) López, 2013.

(9)/(10) Costa, 2009.

(11) Martínez, 2015.


Bibliografía

  • Berraondo, M.,2012, “Maneras de matar: Violencia y envenenamiento en la Navarra de los siglos XVI y XVII”, en Mata Induráin, C. y Sáez, A. J., (eds.) «Scripta manent». Actas del I Congreso Internacional Jóvenes Investigadores Siglo de Oro (JISO 2011), Pamplona, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Navarra, pp. 47-59. 
  • Costa, P., 2009, “Garrote vil para la envenenadora”, en El Pais Semanal , 5 de julio de 2009. Disponible en : http://elpais.com/diario/2009/07/05/eps/1246775210_850215.html [10/10/2016]
  • López Martín, A., 2013, “Las mujeres también matamos“, Derecho y cambio social,  33. 
  • Martínez, R. 2015, “La historia de la última mujer ejecutada en España que inspiró la película «El Verdugo» de Berlanga”, en ABC Comunidad Valenciana 27 de julio de 2015. Disponible en: http://www.abc.es/local-comunidad-valenciana/20150727/abci-historia-ultima-mujer-ejecutada-201507271235.html [14/10/2016]

Gemma Bermúdez

Soy Licenciada en Criminología por la Facultad de Derecho y Ciencias del Comportamiento de la Universidad de Valencia, y diplomada en Terapia Ocupacional en la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad de Granada. Mi pasión: el comportamiento humano. Intentar comprender porque hacemos lo que hacemos.

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