Los estudios científicos que consideraban a la Mujer una inútil

Histéricas, arrogantes, seductoras, pecadoras, débiles, envidiosas, y un largo etcétera. Son los adjetivos que se le ha adjudicado a la mujer durante siglos. Hasta hace relativamente poco, la idea que existía era la de que hombres y mujeres eran distintos por naturaleza, y por sus cualidades y capacidades intelectuales. Pero, ¿por qué ha sido así? ¿Acaso se ha tenido una “base o teoría” sobre la que defender la desigualdad de sexos? La respuesta es sí; y para ello la sociedad se basó en distintos argumentos, como el religioso y el científico. Ambos, de índole puramente naturalista, trataron de demostrar, a su manera, dicha inferioridad.

De como la religión dijo: tú, por mujer, inferior

Empecemos por el principio de los tiempos: la religión. La preeminencia del varón en la mayor parte de las religiones se ha dado por una sencilla razón: la mujer ha traído el mal a la Tierra, porque sí, porque son mala gente. Vayamos a un ejemplo muy cercano: Adán y Eva. En primer lugar, Eva nació de la costilla de Adán, lo que ya para muchos era símbolo de su inferioridad (1).

Eva y Adán

“Adán y Eva” Tiziano, hacia 1550. Museo del Prado. Fuente

Aún así, ambos eran muy felices en el Paraíso rodeados de unas vistas tan bonitas que no las logra ni el National Geographic. Todo era fantástico hasta que Eva, por curiosa y débil (y porque tendría hambre), comió del fruto prohibido a pesar de las advertencias de Adán, que le dijo: “estate quieta, que la vas a liar Eva”. Por aquello Dios les expulsó del Paraíso y desde entonces el ser humano es pecador por naturaleza, por  culpa de la mujer (2).

Otro ejemplo es Pandora, de la mitología griega. Los hombres vivían  muy tranquilos hasta que Pandora, muy cotilla ella, abrió la caja que contenía todos los males del mundo (guerras, enfermedades, hambre…). Estos, que vieron su oportunidad, se escaparon y desde entonces están presentes en el mundo. De nuevo, la culpa es de ella, por no estarse quieta.

Este argumento religioso no se limitó a la Antigüedad, sino que siguió presente durante siglos. Tal era la idea de la inferioridad de la mujer que, a comienzos de la Edad Media, hubo un debate acerca de si la mujer tenía o no alma. Finalmente, los varones que lo discutieron fueron “majetes” y decidieron que sí, que existía el alma femenina. Derechos no tenían, pero alma sí. Algo es algo (3).

La puñalada de la ciencia a la mujer

Aunque hoy en día la ciencia sea equitativa tanto con la mujer como con el hombre, no siempre fue así. En el siglo XIX, cuando la ciencia comenzó a hacer descubrimientos acerca de los dos sexos, la Iglesia seguía teniendo un fuerte peso. De hecho, se pensaba que el semen era superior, al igual que el papel masculino en el sexo, ya que la mujer tan sólo aportaba su útero (4). Nada, poca cosa oye.

La ciencia acabaría realizando tres descubrimientos en el siglo XIX que interpretó de forma errónea, muy errónea. Vamos, que no dieron ni una.

Cefalometría de una mujer

Cefalometría. Fuente

Lo primero de todo fue el cráneo. Se descubre que el cráneo masculino es más grande que el femenino, por tanto deducen que la mujer es menor intelectualmente. Por eso no podía recibir la misma educación, al igual que tampoco podía ejercer su derecho al voto, por la misma razón (5).

En segundo lugar estuvieron los pulmones. Los hombres tienen unos pulmones más grandes que las mujeres. He ahí la razón por la que concluyeron que las mujeres tenían una mayor debilidad física.

Y el tercero fue la sangre. La sangre femenina tiene menos glóbulos rojos, por lo que reciben menor cantidad de oxígeno. Pensaron así que era la causa por la creían qué las mujeres se tenían que esforzar más para pensar.

Las mujeres en casa, que así no dan guerra

Estos descubrimientos no sólo le dieron la “razón al hombre acerca de su superioridad”, sino que también fueron llevados al ámbito social. Se afirmó que la propia inferioridad biológica femenina había colocado a las mujeres dentro del espacio doméstico. Esto se debía a que su sentimentalismo e inferior capacidad intelectual, eran más similares a los de un niño que a los de un adulto (6).

Concepción Arenal

Monumento en Ourense a Concepción Arenal. Fuente

Por supuesto, hubo hombres (como el británico John Stuart Mill) y mujeres que alzaron la voz contra dichas afirmaciones (7). Una de ellas fue nuestra querida gallega Concepción Arenal. Ésta defendía que para que la mujer pudiera emanciparse, debía tener derecho a recibir la misma educación que los hombres. No podemos olvidar que. durante el siglo XIX, sólo los hombres podían acudir a las aulas universitarias. Sin embargo, Concepción Arenal fue la primera mujer que asistió a la Universidad Central de Madrid, a clases de Derecho, aunque como oyente y vestida con atuendos masculinos (8).

De hecho, hasta principios del siglo XX, estuvo vigente en España una ley por la que si una mujer quería ingresar en la universidad, tenía que tener el permiso del Rector. Pero no, esto no es todo. El Rector debía reunirse con los profesores de la universidad para preguntarles si serían capaces de mantener el orden entre los alumnos teniendo a una mujer dentro del aula. Parece increíble, sí, pero así era.

Y, ¿qué tenemos ahora?

Afortunadamente, hoy en día este tipo de teorías no tienen ningún fundamento en la sociedad (aunque haya algunas personas que se nieguen a verlo). Ha sido aceptada la única verdad existente, y es la igual condición entre los sexos. Sin embargo, esto no se aplica de igual forma en todos los países. Sigue habiendo leyes que impiden a la mujer votar, e incluso donde la violencia contra ellas queda impune (en España, sin ir más lejos…). Es éste el motivo por el que, a pesar de los avances logrados, todavía queda mucho por hacer.

Es por ello que, desde aquí, quiero dar las gracias a todas aquellas que han hecho Historia. Desde campesinas a reinas, desde prostitutas a duquesas y escritoras, desde amas de casa a matronas, institutrices y científicas. Y, por supuesto, sin olvidaros a vosotras, sufragistas (9). Gracias por ayudar a construir un mundo más justo e igualitario.


Referencias

(1)  Este argumento sería rebatido durante el Renacimiento, dando a entender que si Dios eligió una costilla de Adán, es decir, justo en la mitad de su cuerpo, era precisamente porque quiso acentuar ese carácter de igualdad.
(2) La imagen de la Eva pecadora sería más tarde sustituida por la de la Virgen María virtuosa, dulce, que no se deja llevar por el pecado. Por ello, en muchas obras de arte medievales podemos ver a la Virgen pisando una serpiente (símbolo del pecado).
(3) Baring y Cashford, 2005, p. 586.
(4) Baring, 2005, p. 588.
(5) De hecho, para que la mujer pudiera ejercer su derecho al voto tendría que esperar hasta después de la I Guerra Mundial en Europa occidental, en países como Francia o Inglaterra. En el caso de España se tendría que demorar hasta el año 1931 con la proclamación de la II República y la incansable lucha de Clara Campoamor.
(6) Ferrer Pérez, 2003, p. 126.
(7)  Algunas de ellas fueron Olympe de Gouges y Mary Wollstonecraft. Ellas fueron las pioneras mucho antes de la primera ola feminista (el sufragismo), en época de la Revolución francesa; la mujer de Stuart Mill, Harriet Taylor Mill, sufragista inglesa. También otra española feminista sería Flora Tristán.
(8) Ferrer Pérez, 2003, p. 127.
(9) Algunas de ellas fueron Mary “la acuchilladora”, y Emily Davison.
*Fuente de la imagen de portada.

Bibliografía

  • Ballarín Domingo, P., 1989, “La educación de la mujer española en el siglo XIX”, Historia de la educación: Revista interuniversitaria, n°8, pp. 245-260.
  • Baring, A. y Cashford, J., 2005, El mito de la diosa, Ediciones Siruela, Madrid.
  • Bedia, R., 2005, “El género en las Ciencias Sociales”, Cuadernos de trabajo social, nº 18, pp. 249-258.
  • Ferrer Pérez, V., 2003, “Sobre la supuesta inferioridad intelectual de las mujeres. El caso de las teorías frenológicas en el siglo XIX”, Clepsydra: Revista de Estudios de Género y Teoría Feminista, nº 2, pp. 119-136.
  • Ferrer Valero, S., 2017, Breve historia de la mujer, Nowtilus, Madrid.
  • Hernández Bermejo, M. A., 1987-1988, “La imagen de la mujer en la literatura moral y religiosa en los siglos XVI y XVII”, Norba. Revista de historia, n°8-9, pp. 175-188.

Jorge Corral Pérez

Graduado en Historia por la Universidad Complutense de Madrid. Máster en Formación de Profesorado por la Universidad Rey Juan Carlos. "Aprende a enseñar, enseñando aprenderás".

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