Homosexuales y pederastas: así eran los espartanos

¿Quién no conoce la historia de Esparta y el heroico Leónidas? ¿Quién no ha visto esa famosa película? Sí, esa en la que “300” valientes guerreros espartanos, con abdominales donde se podía rallar queso, frenaron durante varios días a un ejército de cientos de miles de “moros” (ya que en España lo de persas no terminamos de comprenderlo).

Moda de Esparta y espartanos

Muestras de la “moda espartana”. Sparta Gym. Fuente Reto Espartano. Fuente Spartan Race. Fuente

Claro, con razón Esparta está tan de moda ¡esos tíos estaban más fuertes que el vinagre! No es de extrañar que queramos actuar, comer y entrenar como ellos… y en definitiva, tener un cuerpo olímpico como el suyo. Así nació la moda espartana: dieta espartana, rutina de gimnasio espartana, Gimnasio Esparta, Equipo Esparta… hasta un nuevo tipo de carreras de obstáculos brutal, las Spartan Races. Siguiendo los hábitos de estos antiguos habitantes del Peloponeso, podremos ir a la playa de Matalascañas, y cual Leónidas, hipnotizar a todos los bañistas domingueros con nuestros músculos de infarto.

Ahora bien, hay pequeños “rasgos” espartanos que no son como nos muestran. Empecemos por lo más importante en la vida de un adolescente… ¡El sexo!

En tiempos de guerra cualquier agujero era trinchera para los espartanos

Si algo define a Esparta es la guerra. ¿Cómo llegaron a convertirse estos tíos en los más duros de la antigua Grecia? La respuesta es muy sencilla, a golpe de remo; o como diría mi abuelo: “un bofetón a tiempo quita mucha tontería…”. Bromas aparte, el sistema de educación de Esparta se caracterizaba por ser duro, violento, severo y áspero como una piedra pómez.

El Estado intervenía en todos los aspectos de la vida de los espartanos desde el momento del nacimiento, cuando el bebé era introducido en una tinaja llena de vino “peleón” para demostrar su fortaleza. Aquellos que presentaban deformidades físicas serían abandonados a su “mala” suerte (1).

Fragmento de la película de 300 de Zack Snyder (2007) donde se muestra la agogé

Sin embargo, la verdadera “aventura” empezaba cuando el niño cumplía 7 años ¿recordáis lo de la mili en España no? A los 18 “añitos” te ibas del regazo de tu hogar a pegar tiros con un Cetmet… Bueno, pues imaginaos que el servicio militar empezara a los 7 años. Llegaban unos señores barbudos y te llevaban a tirones de los brazos de tu madre. En ese mismo instante terminaban los “besitos” antes de irte a dormir, dejar la “lucecita” de tu cuarto encendida para que no te diera miedo y el Nesquik por la mañana antes de ir al cole.

“La mili espartana”

En ese momento, empezaba la agogé (para los de ciencias: conducta o movimiento). A partir de entonces, eras agrupado en un “rebaño” junto a los otros niños, obligado a andar descalzo o a hacer deporte desnudo y, si se te ocurría desobedecer las órdenes de los jóvenes mayores, ¡golpe de látigo! (2)

Aunque pueda parecernos una forma de educación “un poco dura”, el verdadero adiestramiento comenzaba en el doceavo cumpleaños de la criatura; entonces te regalaban una rapada al cero y un roñoso y exclusivo manto “lleno de pulgas” que debías llevar durante todos y cada uno de los días del año; hasta en invierno, cuando hacía más frío que en la comunión de Pingu. Para dormir, nada de “pijerías” de colchón viscolatex de Lo Mónaco, sino una auténtica cama de paja que tú mismo apañabas. Y si crees que estas vacaciones de ensueño no podrían mejorar, aún queda lo mejor, el buffet libre, ya que disponías de toda la comida existente en la naturaleza, así como en casas ajenas… Ahora bien, “si te molían a palos” la empresa no se hacía responsable (3).

Desde los catorce, y hasta cumplir los veinte, realizaban el servicio militar “preliminar”, entonces comenzabas a dejarte crecer el pelo y la barba (si tenías, lógicamente, si no pues te dejarías un bigotillo de esos ridículos con cuatro pelos). Todos estos años, tú, como el espartano. seguías viviendo y durmiendo con el resto de tu compañía, incluso siendo adultos seguirías reuniéndote en comidas colectivas con el resto de soldados (4) y ejercitándote o entrenando desnudo junto al resto de tus camaradas (5).

Al espartano se le pasaba el arroz…

Así era, te plantabas con 30 años y sin “casi” haber tocado una teta. Aunque pasabas a convertirte en ciudadano de pleno derecho y se te permitía contraer matrimonio (6). ¡Venga ya! ¿Me estás diciendo que con 30 años y sin tener sexo? No nos equivoquemos, una cosa es no casarse, y otra distinta no tener amantes.

Todos hemos oído hablar del sexo griego (para los más recatados, sexo anal), el nombre no lo toma por casualidad, sino por su extensión en la antigua Grecia. No olvidemos tampoco que en esta sociedad no existía una clara división entre “tendencias sexuales”; es más, incluso después de casarse, fueron comunes las  relaciones homosexuales (7).

¿Estáis pensando lo mismo que yo, no? En la montaña, alejados de la civilización, 23 años “durmiendo” junto a tus compañeros… Pues claro, el roce hacía el cariño y era muy común que surgieran vínculos pasionales entre los feroces guerreros espartanos. Aunque eran observadas como relaciones positivas, ya que los soldados no sólo compartían escudos y lanzas, sino también, sus corazones…

Cuando a los maestros se les “iba la mano” (de verdad) con sus alumnos

Las relaciones amorosas y consentidas entre varoniles soldados adultos no deben sorprendernos; aunque haya sujetos que sigan creyendo que la homosexualidad es una enfermedad. Ahora bien, esta pasión “a la griega” alcanzó ciertas dimensiones que hoy “harían que llorara el niño Jesús”. Y es que las relaciones amorosas entre varones, también se extendieron entre maestros y alumnos del mismo sexo, que eran admitidas siempre y cuando tuvieran fines “didácticos”(8).

Pederastia entre espartanos

Fragmentos de varias cráteras griegas que muestran escenas pederastas de relaciones entre maestros y alumnos. Fuente. Fuente. Fuente

Incluso, la pederastia pedagógica era socialmente respaldada, y se condenaba públicamente a aquellos adultos que se oponían a “amar” a sus alumnos (9), ya que se pensaba que el maestro se esforzaría por educar a los discípulos que amaba, mientras que el adolescente (hoy sería un niño) encontraría en su maestro un modelo a seguir, imitar y amar (10). Y aunque la relación debía terminarse una vez que al niño le creciese la barba, se conocen relaciones homosexuales que duraron toda la vida.

¿Es que nadie piensa en el futuro de Esparta?

Jóvenes espartanos

“Jóvenes espartanas”, de Edgar Hilaire Degas (1860), provocando a unos chicos espartanos. Fuente.

Con todo ello, no es de extrañar, que a más de un espartano se le “pasara el arroz” y decidiera quedarse soltero de por vida; o como se conoce en mi tierra, “mocico viejo”. La guerra casi continua, los entrenamientos diarios, las comidas colectivas y el amor entre soldados, hacían que a muchos espartanos no les “rentara” lo de formar una familia. Aunque las jóvenes solteras se desnudaban y ejercitaban provocando a los varones (literalmente) (11)… ¡no había manera! Incluso el Estado se vio obligado a ofrecer unos cheques “recién casados” y por paternidad (12), crujir a impuestos a los mozos solteros o tolerar las relaciones extraconyugales (por lo que en Esparta no existía el adulterio);  e incluso se piensa que se permitió a las mujeres casarse con varios varones (13). Sobre las mujeres espartanas…

Pese a todo, la falta de varones espartanos fue una constante amenaza, fruto de la baja natalidad, la elevada mortalidad (por las guerras) y la dura selección natural aplicada por el propio estado de Esparta (14).

En definitiva, Esparta no era como pensamos, sino que popularmente conocemos un espejismo que refleja lo que a nuestra sociedad le hubiera gustado que fuera. Es cierto que nos separan más de 2500 años. Por fortuna, la pederastia hoy es perseguida y castigada, ya que es considerada una brutalidad. Si bien, nos queda mucho que aprender de nuestra historia, como la tolerancia sexual griega, sólo así podremos combatir con la ignorancia de esos “brutos homófobos” que probablemente sean incapaces de aceptar todo lo que hoy os hemos contado.


Referencias

(1) En otras polis griegas, la decisión estaba en manos del padre; en Esparta, funcionarios del Estado examinaban a los recién nacidos.

(2) Plut., Lyc., 16, 7-10.

(3) Plut., Lyc, 16, 12-14.

(4) Esta comida/banquete común, era denominada syssitía, en la que cada uno de los miembros estaba obligado a aportar una cantidad de comida y bebida. Supuestamente, siendo adulto el espartano comería diariamente junto con el resto de su escuadrón para fomentar la solidaridad y la cooperación.

(5) Pl., Leg., 636 a-c.

(6) Plut., Lyc,. 25, 1.

(7) Muy extendido en el mundo griego, tanto entre parejas de hombres, como entre hombres y mujeres.

(8) Xen., Lac., 2, 12-13.

(9) Ael., VH, 3, 10.

(10) Xen., Lac., 2, 2-14.

(11) Varios autores, mencionan que las mujeres competían desnudas para exhibir su fuerza y capacidad de criar hijos sanos y ser seleccionadas como esposas; Plut., Lyc., 14, 4-8.

(12) El Estado espartano, premió la procreación bajando los impuestos a espartanos casados con más de tres hijos, mientras que el peso fiscal era mayor para solteros.

(13) Como por ejemplo se aprecia en varios testimonios de diferentes hermanos espartanos que compartieron la misma esposa; Polyb., 12, 6b.

(14) La escasez de varones espartanos (en griego, oliganthropia) supuso una amenaza constante para la supervivencia de la polis de Esparta, debido a que su forma de vida consistía en que una pequeña parte de población constituían la ciudadanía (los hómoioi o “iguales”) dedicada a la política y a la guerra, mientras sus tierras y propiedades eran cultivadas por un gran número de población sometida y esclavizada (los hilotas). La guerra constante, la escasez de nacimientos, la extensión de la homosexualidad y el rechazo al matrimonio, hizo peligrar a la clase dominante.


Bibliografía

  • Casillas, J.M., 1997, La antigua Esparta, Arco Libros, Madrid.
  • Domínguez Monedero, A. L. y Pascual González, L., 1999, Esparta y Atenas en el siglo V a.C., Síntesis, Madrid.
  • Fornis Vaquero, C., 2010, “Esparta, ciudad de la virtud y de la guerra”, Bitarte, nº 51, pp. 28-46.
  • Fornis Vaquero, C., 2003, Esparta: Historia, Sociedad y Cultura de un Mito Historiográfico, Crítica, Barcelona.
  • Forrest, W. G., 1983, A History of Sparta, Bristol Classical Press, Londres.
  • Kennel, N. M., Spartans. A new history, Wiley-Blackwell, Chichester, 2010.
  • Montalbán López, R., 2016, “¡Tranquilo, yo te cubro la espalda! Notas sobre la homosexualidad y la educación en la antigua Esparta”, Témpora. Magazine de Historia. Disponible en: http://www.temporamagazine.com/tranquilo-yo-te-cubro-la-espalda-notas-sobre-la-homosexualidad-y-la-educacion-en-la-antigua-esparta/ (5/3/2017)
  • Oliva P., 1983, Esparta y sus problemas sociales, Akal, Madrid.
  • Pomeroy, S., et al., 2012, La antigua Grecia. Historia Política, Social y Cultural, Crítica, Barcelona.
  • Ruiz Galacho, D., 1990, “Constituciones políticas en la antigua Grecia. El estado de los lacedemonios”, Filosofía, política y economía en el Laberinto, nº 1, pp. 1-20.
  • Sancho, L., 1990, “Omoiótes, los ómoioi de Esparta”, Gerión, nº8, pp. 45-72.
 

Rubén Montalbán López

Director de este ambicioso proyecto. Graduado en Geografía e Historia por la Universidad de Jaén y Máster en Historia y Ciencias de la Antigüedad por la UCM y UAM. Interesado en la Historia de las Religiones, en especial, en épocas de conflictos religiosos, y apasionado de la Historia Social, debemos dar voz a los Sin Voz.

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