Conciliar en tiempos de guerra. We can do it!

Desde hace un tiempo, es muy frecuente encontrarnos con artículos y noticias relacionadas con el problema que les supone la conciliación familiar a los padres y madres trabajadoras. Poder compaginar trabajo e hijos siempre supone un ejercicio de logística, malabares y, a veces, saltos sin red dignos de un número circense. Conciliar y no morir en el intento es uno de los grandes problemas de la sociedad actual. La incorporación de las mujeres al mundo laboral provoca que los hijos, tradicionalmente atendidos por la madre, tengan que ser atendidos por terceros, cuidadores o abuelos. Este problema, que cada vez está teniendo mayor visibilidad socialmente, por desgracia no es nuevo.

En la América de los años 40 fueron muchas las mujeres que tuvieron que abandonar sus hogares y sus labores de ama de casa para incorporarse al mundo laboral. Esto no tendría nada de excepcional de no ser por las condiciones que rodearon este cambio, ya que fue consecuencia directa del desarrollo de la Segunda Guerra Mundial. El espíritu que movía a estas mujeres era el de contribuir desde su país a la guerra y  ayudar a sus maridos, padres e hijos a volver a casa victoriosos.

El gobierno americano lanzó una campaña de propaganda dirigida no sólo a los hombres, sino también a las mujeres americanas. A los primeros los animaba a alistarse y combatir en el frente; a las segundas a mantener alto el ánimo y a que contribuyeran a fomentar la normalidad en un país roto por el conflicto bélico.

Una de las imágenes más significativas de estas campañas institucionales dirigidas a las mujeres es, sin duda, la de Rossie la ribeteadora (1). Esta imagen, convertida ya en icónica no sólo para la cultura popular, sino también para el movimiento feminista, aglutina todo lo que se pretendía de la mujer americana: que fuera fuerte y capaz de asumir los trabajos masculinos, pero sin olvidar su feminidad.

Aunque la mujer americana estaba totalmente integrada en el mercado laboral, la guerra trajo novedades en lo referente a los trabajos que tendrían que desempeñar a partir de ese momento. Con la mayor parte de la población masculina en el frente, las mujeres tuvieron que ocupar los puestos que éstos habían dejado vacantes.

Los puestos de trabajo de las fábricas se convirtieron en casi exclusivamente femeninos, tanto en las ya existentes anteriormente como en las que surgieron como consecuencia de la actividad bélica: fábricas de paracaídas, aviones, uniformes, y todo aquello que los soldados pudieran necesitar en el frente.

Esta incorporación laboral no fue fácil. Muchos maridos se negaban a que sus mujeres trabajasen en “oficios de guerra”; del mismo modo, algunas mujeres pensaban que lo mejor que podían hacer era seguir con su vida como hasta el momento, dedicándose a ser las perfectas amas de casa, madres y esposas. Las que estaban más dispuestas a trabajar eran las madres jóvenes con niños pequeños, ya que necesitaban un sueldo para poder mantener a su familia.

La incorporación de madres trabajadoras a las fábricas supuso un nuevo problema: ¿qué hacer con los hijos de las trabajadoras? La mano de obra femenina era necesaria para poder llevar a cabo la producción, y el problema requería una solución por parte del  Estado.

La falta de previsión estatal ante esta situación hizo que las guarderías promovidas por el estado fracasaran, provocando un doble efecto: absentismo laboral por parte de las madres, y el aumento de los denominados “lathkey children”, niños que debían cuidar de sí mismos mientras sus madres trabajaban. La solución más común fueron los acuerdos privados entre madres trabajadoras y otras mujeres, generalmente vecinas, que se encargaban del cuidado de los niños. A mediados de los años 40 sólo unos 140 mil niños eran atendidos en guarderías. Un caso excepcional, y que demuestra cómo debía de ser la manera correcta de hacer las cosas, fue el de The Kaiser Shipbuilding Company. Esta empresa puso a disposición de sus trabajadoras un servicio de guardería; el coste del servicio era asumido por The Maritime Commision al adquirir los barcos.

Pero el trabajo que estas mujeres desempeñaban no se limitaba solamente a las fábricas.  Las compañías de taxis o el cuerpo de bomberos también tuvieron que echar mano de la población femenina. Incluso el ámbito deportivo se vio “afectado” por la contienda. A consecuencia de esta surge la liga de béisbol femenina americana (2).

Los cuerpos militares, tradicionalmente masculinos, abrieron sus filas a base de sangre, sudor y lágrimas, y de la inestimable ayuda de Eleanor Rooselvet, a las mujeres (3). Y pese a cierto recelo por parte de sus compañeros masculinos, consiguieron contribuir de manera activa a la defensa aliada.

Además de esa condición de trabajadora, la mujer americana seguía ejerciendo su anterior cometido, ser ama de casa. Sin duda, su trabajo se veía muy incrementado, ya que además soportaba todo el peso del hogar y de la educación de los hijos, que recaía exclusivamente en ella.

Lo que podemos deducir de todo esto es:  si ellas pudieron, ¡nosotras también podemos! Y no sólo en lo referente a la conciliación familiar, sino a lo que supone a nivel laboral y moral. Tenacidad, perseverancia, creer en una misma y en que podemos conseguir lo que nos propongamos, es lo que debería mover a las mujeres del futuro.


Referencias 

(1) Esta imagen icónica es la misma que se reinterpreta en la imagen que inaugura este artículo, y a la cuál ya hice referencia en mi anterior artículo “Una Amazona en la ONU: Wonder Woman embajadora“.

(2) “Ellas dan el golpe“, película de 1992 protagonizada por Geena Davis y Tom Hanks, nos ofrece una visión muy completa de la creación de la liga de beisbol femenina y lo que supuso en su momento.

(3) Tanto la esposa del presidente, Eleanor Rooselvet, como la congresista Edith Nourse Rogers, pelearon una dura batalla política para conseguir que las mujeres americanas, al igual que ya hacían las británicas en su país, pudieran participar en los cuerpos militares americanos.


Bibliografía 

  • Colins, Gail. 2003. America´s women. HarperCollins Publishers, N.Y.
  • Rowbotham, Sheila. 1999. A century os women. The history of women in Britain and the United States in the Twentieth century. Penguin Books, N.Y.

Eva Sanjuán Iglesias

Licenciada en Geografía e Historia por la Universidad de Vigo. Doctorada en Grecia antigua. Hª de las religiones. Master Universitario de Historia, Territorio y recursos patrimoniales. Especializada en hª de género, Tratando de unir mis dos pasiones, los cómics y la historia desde.... hace mucho mucho tiempo, en una galaxia muy muy lejana.....

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *