De pirata a pontífice: el papa Juan XXIII “primero”, que no escribió su nombre en las listas papales

Avistando el “currículum” de muchos de los papas de la antigüedad podría quedarse uno verdaderamente pasmado. Simonía, sodomía, corrupción, pederastia, asesinato e, incluso, comportamientos incestuosos serían sólo algunos de los cargos imputables a muchas cabezas de la Iglesia católica. Sin embargo, llama la atención el caso de un pirata que, ya denostado y olvidado, saltó con ayuda medicea del barco al trono de san Pedro. Nos referimos al papa Juan XXIII “primero”, cuyo pontificado se extendió entre 1410 y 1415, justo durante el periodo en el que el Cisma de Occidente (por el cual la cristiandad llegó a ver hasta tres papas a la vez en el sillón de san Pedro) iba a llegar a su fin.

Baldassare Cossa, conocido como Juan XXIII. Fuente

Baldassare Cossa, nombre secular de Juan XXIII, había nacido en 1370 en la isla de Procida. Hijo de una noble familia napoletana venida a menos, no tardó mucho en dedicarse de pleno en los aferes familiares, a saber: la piratería y el contrabando. Sin embargo, enérgico y astuto como era, la pequeña isla “familiar” pareció quedársele corta a sus “talentos”. Así, no dudó en marchar a Bolonia (lugar en el que pronto sería conocido por su faceta sexual y lujuriosa) a estudiar jurisprudencia. Con todo, durante aquel periodo el joven no perdió ni un ápice de ambición y, tras graduarse, tenía más claro su objetivo: “ser papa” (1).

La isla de Prócida,en el golfo vesubiano, propiedad de la familia Cossa. Fuente

Sus primeros pasos en la carrera eclesiástica los dio en la corte de Bonifacio IX, para quién sirvió como tesorero y camarlengo. Ya entonces afloraron sus dones para las corruptelas, entre las cuales, destacaron la venta de cargos eclesiásticos e indulgencias; todo un negocio en la época. Pero Baldassare quería más y, con ayuda del ávido banquero Juan de Médicis (que financió los 10.000 ducados necesarios para el trámite), logró adquirir el cardenalato en 1402. El gesto no sería olvidado y, como papa, no dudaría en recompensar el favor de la familia florentina convirtiéndola en la banquera oficial del papado.

En 1403 fue nombrado gobernador de Bolonia, puesto en el que demostró notables dotes civiles y militares, cualidades sin duda adquiridas en su pasado. Mas no fueron estas sus únicas destrezas. El joven cardenal diácono, cargo oficial que ostentaba, destacaba además por su astucia, inteligencia, elocuencia, ambición y sensualidad; dotes, todas ellas, ideales en el nuevo modelo de hombre renacentista. Pese a ello, tanto por su actitud como por sus actuaciones, era evidente que no había en él ni gota de vocación espiritual. Así, por ejemplo, se decía que tenía siempre a su disposición doscientas doncellas, viudas y muchas monjas. De igual modo, cabe destacar como, según parece, se convirtió también en el principal proxeneta de la ciudad al establecer un impuesto “papal” a todas las prostitutas boloñesas.

En 1408, ante la negativa de los dos papas existentes a reunirse para resolver un ya extenso cisma, Cossa, con el beneplácito de seis cardenales romanos y otros tantos aviñonenses (sede del otro pontificado), propondría la celebración del Concilio de Pisa (1409) para acabar con las disputas de la Iglesia. El resultado, sin embargo, no fue el esperado y, lejos de solucionar la situación, la elección de un nuevo papa “alternativo” no hizo más que complicarla pues, ante la negativa de los otros dos pontífices a renunciar, la Iglesia católica vería sentarse en el trono de san Pedro ¡hasta tres pontífices diferentes a la vez!

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Emblema papal de Juan XXIII. Se puede apreciar la particular coscia (muslo) de la cual deriva el apellido familiar. Fuente

La muerte de Alejandro V en 1410, papa escogido por la “facción de Pisa” y, por tanto, aupado por el mismo Cossa, dio a Baldassare la oportunidad que tanto había estado esperando. Ese mismo año, tras ser nombrado sacerdote, fue escogido como sucesor tomando, desde entonces, el susodicho nombre de Juan XXIII. Cabe decir que no faltaron desde el principio sospechas y rumores que lo señalaban como causante de la muerte de su predecesor. Quizás, el hecho de que aquella misma noche ambos cenaran juntos en casa del cardenal alentara los rumores que hablaban de un posible envenenamiento. No obstante, ya fuera por sus dotes y juventud, tan necesarias y admiradas para acabar con el cisma eclesiástico, o simplemente porque causaba pavor entre sus allegados, los hechos por entonces no llegaron más lejos ni tuvieron mayor repercusión. Como cabeza de la cristiandad, o al menos de una parte de ella (no cabe olvidar que seguían gobernando hasta tres pontífices en occidente), Baldassare no destacó especialmente. Atrincherado en su palacio-fortaleza de Castel Sant’ Angelo, el astuto papa se dedicó a administrar los Estados Pontificios, hacer y deshacer alianzas, imponer tributos y vender cargos e indulgencias. Todo ello, claro esta, con pingües beneficios para sus propias arcas. Sin embargo, en lo personal y con respecto a su sexualidad, siguió aumentando su fama. Entre sus contemporáneos, por ejemplo, se le tenía por depravado por mantener relaciones con dos de sus hermanas, aunque según sus alegatos, el “pecadillo” no era para tanto al no tratarse de penetración vaginal.

La acusación del “hereje” Jan Hus en el concilio de Constanza fue una de las cuestiones más destacadas y con mayor repercusión entre los contemporáneos. Baldassare Cossa asistiría a su juicio.

La acusación del “hereje” Jan Hus en el concilio de Constanza. Baldassare Cossa asistiría a su juicio. Fuente

Todo parecía ir a gusto del pirata napolitano. Sus arcas personales aumentaban, su legitimidad, al menos en Roma, se consolidaba, y su posición parecía estar más o menos asegurada. Sin embargo, las continuas disputas con el rey napolitano Ladislao (pues a ratos eran aliados y a ratos enemigos) le obligaron a huir de Roma y acabar con su particular dolce vita. Exiliado y humillado, al pontífice no le quedó más remedio que pedir auxilio al futuro emperador Segismundo, el cual se decidió a prestarle ayuda a cambio de acceder a convocar un concilio que solucionara los problemas de una Iglesia tricéfala. A regañadientes, pues no tenía más opción, Cossa aceptó las condiciones del emperador y así en 1414 emprendió el camino hacia Constanza (población escogida para celebrar el concilio) a sabiendas de estar adentrándose en una “trampa para cazar zorros” (2). Recibido con los honores de un verdadero papa, Cossa aún albergaba esperanzas de lograr imponerse a sus rivales, los otros dos antipapas, y demostrar su legitimidad; aunque pronto comprendió cuan equivocadas estaban sus expectativas. Intranquilo a raíz del cariz que tomaban los acontecimientos, no le quedó más opción que huir bajo la identidad de un vulgar mozo de cuadras al amparo de la noche. Ataviado con ropajes austeros, el calumniado Juan XXIII se dirigió hacia Schaffhausen y más tarde a Friburgo donde solicitaría el amparo de un Federico de Austria que, más tarde y ante las presiones del emperador, no dudaría en entregarlo. De vuelta ante el concilio, se le imputaron formalmente 70 cargos aunque, temiendo el efecto que muchos de ellos pudieran tener sobre la opinión pública, decidieron suprimir 16 de los más escandalosos. Aun así no escapó a las acusaciones de simonía, sodomía, violación, incesto, tortura, envenenamiento y asesinato.

Finalmente, en mayo de 1415 fue obligado a dimitir del cargo pontificio y, tras una penosa estancia en diversas cárceles, sólo lograría recobrar su libertad previo pago de una verdadera fortuna, prácticamente toda de la que disponía. Ya con el perdón y el beneplácito de Martin V, papa electo tras el fin del cisma, se reintegró en el colegio cardenalicio y ejerció como obispo de Frascati (Tusculum) hasta su muerte en 1419.

papa tumba de juan xxiii en florencia

Tumba de Baldassare en el baptisterio florentino, costeada por Cosimo de Medici. Fuente

En suma: pirata, mercenario, lujurioso, pederasta, violador, avaro, codicioso y asesino despiadado han sido sólo algunos de los cargos con los que ha pasado a la historia este olvidado pontífice. Con todo, ¿fueron todas estas acusaciones ciertas? O simplemente formaron parte de una campaña de desprestigio? Sea como fuere, al no estar considerado como un papa “legitimo” por la Iglesia católica, y por ende no figurar en la cronología “oficial” vaticana, el nombre de Juan XXIII quedó nuevamente a disposición hasta que cinco siglos más tarde el italiano Angelo Roncalli tuviera valor de adoptarlo otra vez.


Referencias

(1) Greenblath, 2012, p. 139

(2) Ibid. p. 143


Bibliografía

  • Frattini, E., 2010, Los Papas y el sexo, Espasa, Madrid.
  • García Blanco, J., 2010, Historia oculta de los papas, Editorial América ibérica SA, Madrid.
  • García Jurado, R., 2013, “Maquiavelo y los Medici”, Polis, vol. 9, nº 2, pp. 151-175.
  • Greenblatt, S., 2012, El Giro. De cómo un manuscrito olvidado contribuyó a crear el mundo moderno, Crítica, Barcelona.
  • Paredes, J., Barrio, M., Ramos Lissón, D. y Suárez, L., 1998, Diccionario de los Papas y Concilios, Ariel, Barcelona, pp. 279-282.

 

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