Españoles, ingleses y franceses… un contrabando entre velas

De pequeño sentí una gran admiración, que perdura hasta estos días, por el mar, así como por piratas y contrabandistas; el contrabando de los que van en barco, no de los de Marbella, aunque bien mirado, van en barcos también… Si voy a una ciudad portuaria no dudo un segundo en visitar la costa y observar todos los alrededores, pero sobre todo los barcos y los marineros. No contemplo el mar sin contrabando, sin piratas, sin comerciantes, al igual que sin aventureros o exploradores. Es la esencia del propio desarrollo humano, de todo lo que un día fuimos, de nuestros propios cambios.

En lo referente a marineros y contrabandistas, los he visto venir despacio hacia el puerto, realizando las maniobras oportunas para adentrarse en él. También los he visto merodeando el astillero, astutos como un carterista en el metro, buscando alguien con el que poder realizar comercio. Fui protagonista en Cuba de cómo intentaban realizar contrabando de tabaco y otros productos. Posiblemente, junto a la prostitución, sea el negocio más antiguo de la Historia; alguien que se salta un poco las normas para ganar un poco más de dinero o poder realizar algún comercio a escondidas. Por eso mismo, hoy decidí escribir sobre este tema.

Mas allá del pirata con pata de palo y loro al hombro, desmontemos tópicos,  cuando habló de piratería me refiero al contrabandista, al marinero y comerciante que miraba por sus propios intereses en la España del siglo XVI y posteriores, cuando nuestro país tenía el monopolio comercial de aquello que llamábamos el Nuevo Mundo, regulado por la Casa de Contratación(1), primero en Sevilla y luego en Cádiz para controlar la bahía frente a turcos y piratas.

contrabando rutas comerciales

Rutas comerciales siglo XV-XVI. Fuente

Protegidos por galeones, ante el temor a los piratas, los barcos de gran calado partían desde los puertos españoles dos veces al año hacia los puertos de Veracruz y Portobelo, ya entonces eramos de trabajar más bien poco… donde distribuían los productos al resto de colonias americanas, acumulando todo el comercio. Este sistema monopolista español dio lugar a un contrabando realizado por súbditos de la Corona española, peninsulares y americanos; por ingleses particulares, franceses, portugueses y por la Compañía del Mar del Sur. Las causas fueron simples: la política mercantilista mantenida por España, el encarecimiento de todo tipo de artículos, los altos impuestos, y la cercanía de estos países a las colonias extranjeras, además de la facilidad de transporte entre unas y otras, todo ello facilitó la aparición y desarrollo del contrabando.

Los contrabandistas comercializaban con las colonias con barcos de menor calado que los usados por la Corona española. El menor tamaño permitía el acceso a arrecifes y ríos donde las naves españolas no podían entrar, territorios coloniales como Cuba o Puerto Rico,  y facilitaba la huida en alta mar gracias a la ligereza del barco. Los buques podían ser desde barcos de guerra -para asegurar el transporte del comercio- a naves como balandras, bergantines o guairos (2). Cargar no cargarían mucho pero eran rápidos y salían escopeteados de allí, el clásico tirón del bolso al descuido, pero con la Flota de Indias.

Rutas comerciales contrabando pirata

Rutas comerciales. Fuente

La tripulación estaba formada por marineros, mercenarios, gente aguerrida sin nada que perder que era reclutada en el puerto desde donde partía la expedición. Consciente de que el viaje estaba lleno de peligros y de enfrentamientos, la tripulación iba preparada con armas. El problema del viaje era al acercarse a las costas. Era en ese momento cuando intervenían la precaución y cautela del capitán. Si el capitán tenía la seguridad de que los estaban esperando, acercaban la embarcación a la playa y fondeaban; de lo contrario, solían esperar una señal de su cómplice para fondear el barco, como señales de humo por el día o de fuego por la noche -siendo este el momento preferido por los contrabandistas para realizar el intercambio-.

Los contrabandistas contaban con la ayuda algún colaborador -algunos patriotas españoles-. Estos, que por una comisión vendían media España y a su madre, ayudaban a intervenir en los saqueos y a ponerse en contacto con posibles clientes en las colonias; así mismo ayudaban a países como Portugal, Francia o Inglaterra. Incluso destaca la presencia de españoles que viajaban en barcos ingleses y que servían como agentes de contacto e intérpretes. Imagínense, pura pillería dentro del barco. Así, ahora. Tranquilo ese es de los nuestros, ahora vendrá la señal. Hoy no hay vigilantes. Era fácil con vigilantes españoles, adictos al sueño… una gran oportunidad para los contrabandistas.

Los productos eran transportados dentro del barco. Se usaba para su ocultación cada rincón del barco, muebles con doble espacio, fardos o barriles; tan diversos lugares como la imaginación permitiera para guardar la mercancía. El desembarco de los productos se realizaba por medio de pequeñas embarcaciones como botes o lanchas,  a manos de negros del barco, particulares que iban a comprar, o esclavos mandados por sus amos.

Barbanegra pirata contrabando

Barbanegra. Fuente

Alimentaron leyendas durante toda la Edad Moderna. Contrabandistas como Henry Morgan, que saqueó Panamá,- sí, sí, donde alguno que otro tiene papeles a día de hoy que les gustaría que se perdieran-; Francis Drake, el famoso corsario ingles que trabajó para la Marina Real británica; o el favorito de los niños, Edward Thatch, mejor conocido como Barbanegra, famoso por perseguir barcos mercantes y encaminarlos a canales de navegación peligrosa que él conocía bien para abordarlos y hacerse con los objetos de valor, y cuyo ataque más famoso fue el dirigido a Charleston.

Como no podía ser de otra manera, el contrabando marítimo fue uno de los talones de Aquiles de la economía española durante los siglos que siguieron. Ayudó a que la Corona castellana perdiese el monopolio comercial de América, en colaboración con unos gobernantes y monarcas mal asesorados y más ocupados en fiestas y cacerías, con el derroche de las arcas en las guerras europeas y con un problema que perdura hasta la actualidad: los propios españoles.

Negociantes e inteligentes. Astutos y pillos. Contrabandistas ambiciosos o comerciantes enriquecidos por ayudar a las potencias del momento. Juzguen ustedes mismos.  Al fin y al cabo, piratas.


Referencias

(1) Casa de la Contratación: organismo creado por los Reyes Católicos en Sevilla en 1503, para administrar y controlar todo el tráfico con las Indias al declararlas mercado reservado de Castilla.

(2) Guairo: barco pequeño con dos guairas o  velas, usado en América en bahías y costas.


Bibliografía

  • Feliciano Ramos, V., 1990, El contrabando inglés en el Caribe y el golfo de México, Texnographia, Sevilla.
  • Pérez Herrera, P., 1990, Comercios y mercados en América latina colonial,  Fundación  Mapfre, Madrid.
  • Stein, S. y Stein, B., 2002, Plata, Comercio y Guerra: España y América en la formación de la Europa Moderna, Crítica, Barcelona.
  • Vilar Vilar, E., 2001, Aspectos sociales en América colonial de extranjeros, contrabando y esclavos,  Instituto Caro y Cuervo, Bogotá.

Javier de Paco López

Graduado en Historia por la Universidad de Murcia.

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