Sexo en Roma: cómo vivían los antiguos romanos la sexualidad

Series como Roma o Espartacus nos han enseñado dos cosas: primero, que los romanos se pasaban el día matando, ya fuera para conquistar territorios, hacerse con el poder, o echarse unas risas; y segundo, que estaban muy salidos. Sin embargo, ¿cómo se vivía la sexualidad en la antigua Roma? ¿Qué sabemos del sexo en Roma? ¿Es tal y como refleja el cine y las series? Y sobre todo, ¿era una sociedad más o menos abierta que la actual?

Las reglas del sexo en Roma

Para comenzar, debemos decir que el sexo en Roma se entendía como un regalo de la diosa Venus (1); por tanto, había que disfrutar de ello, aunque hasta unos límites, ya que existían una serie de reglas (2).

Una de ellas se refiere al sexo oral;  en este, un varón tenía que disfrutar y no hacer disfrutar. Para que nos entendamos en pocas palabras, el hombre libre (no esclavo) no lo practicaba, sino que se lo practicaban. La razón es simple: la sociedad romana consideraba la boca como un instrumento por el que hablamos y nos comunicamos, por tanto debe mantenerse pura, especialmente para todo aquel que se dedique a la retórica, como por ejemplo un Senador. Claro que obviamente, esto era la teoría. Luego en casa allá cada uno con lo que hiciera con su boca.

Las relaciones homosexuales

Adriano y Antinoo. Ejemplo de permisividad de sexo en Roma

A la izquierda, el emperador Adriano; el joven Antínoo a la derecha. Fuente

En lo que se refiere a las relaciones entre homosexuales, en Roma no resultaban algo extravagante, como no lo eran tampoco las relaciones homosexuales en Grecia. De hecho, los romanos no tenían palabras específicas para denominar “gay” o “lesbiana” a alguien (3). No olviden, queridos lectores, que nuestro paisano, el emperador Adriano (4), mostraba públicamente a su amante, el joven Antínoo. Incluso, fue por este muchacho por el que llegó a profesar un verdadero amor. Tras la muerte del mancebo en el Nilo, el emperador le divinizó e incluso fundó una ciudad en Egipto en su nombre.

Sin embargo, sí que había una regla fundamental, y es que, en el caso de dos homosexuales, el papel de activo tenía que ser tomado por el ciudadano libre, y nunca por una persona socialmente inferior (como un esclavo). Es decir, ningún hombre libre podía ser penetrado. Los hombres a los que les gustaba adoptar este rol pasivo eran llamados, con desprecio, cinaedus (cuyo significado es obsceno o afeminado), teniendo un estatus jurídico propio, como la prohibición de representarse a sí mismos en un juicio (5).

Ser acusado de ello era considerado un insulto muy grave. Para ponernos en situación: a Julio César se le acusó una vez de ser un cinaedus, al haber mantenido una relación sexual con el rey Nicomedes IV de Bitinia. Él siempre negó la veracidad de los hechos, y desde entonces mantuvo una intensa vida sexual con mujeres para acallar los rumores (6).

Objetos “sexuales” y escenas eróticas

Tintinabulo. Objeto del sexo en Roma

Tintinábulo Fuente

Por otro lado, no podemos estar hablando de sexo en Roma sin mencionar los “objetos sexuales”. ¿Vibradores? Obviamente no, pero por ahí van los tiros. Actualmente, nos cansamos de ver distintos amuletos que supuestamente  nos dan suerte: un trébol de cuatro hojas, una herradura, o incluso los ramitos de romero que nos ofrecen las videntes del Retiro. Pero en los tiempos de Roma no tenían eso, sino objetos en forma de pene (representación del dios Príapo), relacionados con el mal de ojo y la fertilidad.

Un ejemplo de esto son los llamados tintinábulos (como en la imagen), es decir, penes de los que colgaban campanillas y se colocaban en las puertas para alejar los maleficios y males de ojo (7). Resulta por tanto muy curioso pensar que lo que para aquella mentalidad parecería algo muy normal, la sociedad actual lo vería como algo obsceno (o gracioso, todo depende de cada uno).

Por último, cabe añadir que el sexo en Roma era algo tan natural, que incluso en las paredes de las casas podíamos encontrar escenas que representan el acto sexual: representación de felaciones, orgías, diferentes posturas sexuales, etc. Sin embargo, esto no sólo se daba en los hogares, también en los burdeles podíamos encontrar este tipo de pinturas, y normalmente con mucha más frecuencia. Un buen ejemplo de ello son las paredes de los burdeles de Pompeya (8).

La mentalidad romana

Por tanto, una vez que ya conocemos todos estos datos, volvamos a enlazar con el principio. ¿Era la mentalidad de la antigua Roma más abierta y permisiva en temas sexuales que nuestra sociedad actual? Es indudable que en algunos aspectos sí lo era, tal y como se ha demostrado anteriormente. Sin embargo, sí que hay ciertas cuestiones relacionadas con la sexualidad que chocan con nuestra cultura, como las referidas al sexo oral. Ahora, queda en nosotros formarnos una opinión acerca de ello.

Sexo en Roma. Lupanar Pompeya

Fresco de un lupanar de Pompeya.
Fuente


Referencias

(1) Venus (o Afrodita en la mitología griega) puede ser fácilmente reconocida en diversas obras artísticas, ya que normalmente se la representa desnuda. Algunas de estas obras son: El nacimiento de Venus, de Sandro Botticelli o Venus frente al espejo, de Diego Velázquez.

(2) Angela, 2005, p. 363.

(3) Angela, 2005, p.  369.

(4) Adriano era natural de la Baetica, una de las divisiones provinciales de España (o mejor dicho Hispania) en época romana y que corresponde con la actual Andalucía. Fue uno de los más célebres emperadores romanos. Hoy en día podemos seguir viendo su huella por la historia de Europa, con obras como El Mausoleo de Adriano y el Panteón (ambas en Roma) o el Muro de Adriano (Reino Unido).

(5) Ibídem.

(6) Posadas, 2016, p. 68.

(7) Fernández Vega, 2916, p. 58.

(8) Las escenas eróticas no sólo las hallamos pintadas en paredes, sino también en esculturas, e incluso en diferentes objetos cotidianos, como lámparas de aceite o copas.


Bibliografia

  • Angela, A., 2009, Un día en la Antigua Roma, La esfera de los libros, Madrid.
  • Fernández Vega, P. A., 2016, “La sexualidad en Roma”, Historia National Geographic, nº 149, pp. 46-61.
  • Posadas, J. L., 2016, “Las mujeres de Julio César”, Historia National Geographic, nº 156, pp. 64-75.

Jorge Corral Pérez

Graduado en Historia por la Universidad Complutense de Madrid. Máster en Formación de Profesorado por la Universidad Rey Juan Carlos. "Aprende a enseñar, enseñando aprenderás".

Un comentario:

  1. He leído el artículo y me ha parecido muy bueno.
    Creo saber mucho sobre Roma y con este artículo he aprendido cosas que no sabía ni que eran así.
    Felicito a Jorge por su enseñanza sobre esta parte de Roma y los romanos.
    Enhorabuena.

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