Dame veneno que quiero morir

veneno

El verdugo se negó rotundamente a ejecutar a una mujer. Una botella de coñac no fue suficiente para que Antonio López Guerra (el mismo verdugo que mataría a Jarabo en Madrid tan solo dos meses después o a Salvador Puig Antich en Barcelona) (1) no fuera capaz de hacer su “trabajo”. Al final, las autoridades lo llevaron a rastras hasta el patíbulo, donde juraría no volver a matar a una mujer. Pilar Prades fue la última mujer ejecutada por el macabro método…

El saber no ocupar lugar…