Los gansos que salvaron Roma de la invasión de los galos senones

Así, tal cual suena: si no hubiese sido por el graznido de unos gansos el Imperio romano podría no haber existido. Y es que, allá por los siglos V y IV a.C., la Antigua Roma no era más que un abusón de tres al cuarto, regordete y con espinillas en la cara que le hacía la vida imposible a sus vecinos. Es más, le hicieron falta un «porrón» de primaveras y muchas horas de gimnasio para convertirse en la máquina …

El saber no ocupar lugar…