Carlos II: Mi padre y mi madre, tío y sobrina, y yo tan normal

Imagínese un rey menor de edad, un niño raquítico, enfermizo, epiléptico, pálido, esmirriado y enclenque que apenas se tenía en pie. Un rey que no destacó por sus dotes intelectuales, sino por todo lo contrario, pues hasta los nueve años no aprendió ni a leer ni a escribir. Ahora, imagínese un imperio de unos veinte millones de kilómetros cuadrados, cuyos territorios están distribuidos por todo el planeta y cuya población es de lo más variada culturalmente (africana, amerindia, asiática, europea …

El saber no ocupar lugar…