Cuando el emperador Enrique IV se bajó los pantalones delante del Papa en la Humillación de Canossa

Así se las gastaba Enrique IV, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, que había convocado a sus fieles para deponer al que se sentaba por aquel entonces en la cátedra de san Pedro: Gregorio VII. «Enrique, no por usurpación, sino por ordenación de Dios rey, a Hildebrando, que ya no es Papa, sino falso monje»(1). El final de la misiva es lapidario: «Yo, Enrique, por la gracia de Dios rey, con todos nuestros obispos te decimos: ¡Desciende, desciende, tú que…

El saber no ocupar lugar…