Escondidos en casa. Así vivieron los topos del franquismo

Franco cazando patos

Franco cazando patos y no topos. Fuente

Al terminar la Guerra Civil Española, muchos republicanos marcharon al exilio por miedo a las represalias. Otros se ocultaron en sus propias casas durante décadas. Fueron éstos los llamados topos del franquismo. ¿Quieres saber cómo se las apañaron para no ser descubiertos?

Con la victoria del Franco en 1939 se crearon en España unos “comités de exterminio” que, amparándose en la Ley de Responsabilidades Políticas, acabaron con la vida de casi 165.000 republicanos (1). Se salvaron de la “limpia” aquellos que pudieron exiliarse a tiempo y quienes desaparecieron del mapa escondidos entre las dobles paredes de sus casas o en desvanes, pozos, sótanos, despensas o pocilgas. Hasta hubo quien se ocultó durante años en un estrechísimo ataúd.  Fueron los llamados topos del franquismo.

Por desgracia, la historia de estos vencidos que renunciaron al exilio por estar cerca de sus familias, está cargada de nombres y apellidos. Sin ellos no se entendería la figura del topo. Veamos algunos casos de estos topos del franquismo.

Saturnino de Lucas Gilsanz y su pisito de soltero

escondite de uno de los topos del franquismo

Escondite encontrado en la localidad salmantina de Béjar. Fuente

Segoviano de San Martín y Mudrián. De padres resineros, fue el segundo de ocho hermanos. Pasó mucha hambre de chico y encima quedó cojitranco por culpa de la dichosa polio. Pese a ser buen estudiante, el alcalde del pueblo le negó las becas solicitadas. Sin embargo, él nunca desistió en su empeño de aprender y, gracias a la sabiduría de su maestro, adquirió los conocimientos necesarios en Derecho para representar a obreros sin dinero. Ganó por oposición una plaza de funcionario pero, al ser menor de 25 años, no pudo desempeñarla y acabó siendo –¡y a mucha honra!–, agente comercial de Seguros y Banca.

Cuando estalló la Guerra Civil Saturnino estaba afiliado al PSOE, la UGT y era alcalde de su pueblo. Avisado por un cura bueno de que iba a ejecutarle un grupo de falangistas, Saturnino corrió a meterse como un bicho en un arcón de la iglesia, del que no salió en 4 años. Comía, cagaba (con perdón) y lo ‘otro’ cuando y como podía.

Luego pasó 30 años en el desván del domicilio de sus padres. Allí se dedicó a leer y escribir, mientras su familia le pasaba la comida por un ventanuco. La sopa casi siempre se la tomaba fría, y la carne dura. Cuando por fin salió de aquella ratonera, con 59 años, apenas podía estarse en pie y su cabeza no se encontraba sana, como la de otros de los topos del franquismo. Murió al poco.

Manuel Cortés Quero, el Topo de Mijas

El conflicto armado lo sorprendió siendo alcalde republicano de Mijas (Málaga). Antes de que fueran a por él los de Falange, Manuel se echó al monte y, durante los tres años que duró la guerra, estuvo comiendo de aquí y de allá lo que buenamente le proveía la naturaleza. Después regresó a su casa disfrazado de incógnito para vivir emparedado en un falso cuarto durante 30 años. El cuartucho medía 2 metros de ancho por 4 de largo, y 63 centímetros en su parte más alta. Lo justo para comer sentado. Allí hacía mucho frío en invierno y calor en verano. Su única compañía era la radio y la lectura del Diario Sur que su mujer, Juliana Moreno, le traía cada mañana con el café y el bollo.

En 1969 escuchó por la radio que Franco había concedido el indulto a todos los traidores de España. Tras dudarlo mucho, como otros de los topos del franquismo, salió de su escondrijo y se presentó al alcalde de Mijas, quien lo llevó inmediatamente al teniente coronel de la Guardia Civil. Manuel se puso a llorar cuando le dijeron que era libre. Fue conocido en su pueblo como el Topo de Mijas.

Manuel Cortés, uno de los topos del franquismo

Manuel Cortés escuchando la radio en su topera de Mijas. Fuente

Ángel Blázquez: el inquilino de arriba

Salmantino de Béjar, trabajó de recepcionista en un hostal y militó en la UGT y la CNT del ramo de la construcción. En 1934 fue detenido y acusado de participar en una sublevación popular. Tras pasar año y medio en prisión marchó a Portugal, pero las autoridades lusas lo extraditaron de nuevo a España por hallarse indocumentado, y otra vez acabó en el trullo. Por fortuna, se benefició de la amnistía del Frente Popular.

Cuando estalló la guerra y lo llamaron a filas, él se declaró insumiso. ¿Cómo iba a dar la vida por un país que lo había tratado como a un perro? Nada de eso. Prefirió esconderse en la bodega de su domicilio, en un falso techo de 5 metros de ancho por 2 de largo, donde permaneció agazapado como una araña durante 20 años. La comida se la daba su madre a cucharadas porque apenas cabía por la ranura. Los líquidos, con una pajita.

Eulogio de Vega Colodrón y otros… 

Protasio Montalvo, uno de los topos del franquismo

Protasio Montalvo el día de su liberación. Fuente

Eulogio nació en el municipio de Rueda (Valladolid). Hijo de labradores, se ganó la vida como sus padres, arañando la dura tierra calera. Sirvió en Melilla y participó en la guerra de Marruecos. Se afilió a la UGT y acabó siendo alcalde de su pueblo por votación popular.

Los sucesos revolucionarios de 1931 dieron con sus huesos en la cárcel, pero enseguida fue liberado gracias a una amnistía del Frente Popular. Cuando llegó la sublevación militar del 36, Eulogio se ocultó en un maizal. Pero aquel no era sitio seguro y se trasladó a un pozo donde había una cueva. Allí aseguró haber visto ratas como novillos. Luego pasó a esconderse en su propio domicilio con la ayuda de su mujer. Lo detuvieron casi 30 años después, pero lo dejaron libre al no encontrar ningún delito de cárcel.

Y así podríamos seguir con otros topos del franquismo como Eufemiano Díaz González (vecino de La Mata de Curueño, León, 10 años oculto en una fosa excavada en una cuadra de ovejas); Patricio Sierra Grajo (de Orellana la Vieja, Badajoz, doce años escondido); Juan Jiménez Sánchez (el último maquis de la sierra malagueña, se escondió en el hueco de un poyete de la casa de su novia); los hermanos Juan y Manuel Hidalgo España (28 años ocultos uno muy cerca del otro, pero sin verse). Y así, centenares…

Protasio Montalvo, el último de los topos del franquismo que no se fiaba ni de la democracia

Todos ellos salieron como las vinagreras después de la lluvia, a finales de los 60, cuando Franco concedió un decreto ley de amnistía. Salvo Protasio Montalvo Martín, que salió en 1977, después de haber estado escondido 3 años en una conejera y 35 enfrente de su propia casa. En el 77 fue entrevistado por los escritores Leguineche y Torbado:

     –Don Protasio, ¿por qué tanto tiempo encerrado?

    –Bueno, yo era alcalde de Cercedilla cuando nuestra guerra y por el mero hecho de ser una autoridad sabia que si me dejaba ver habría represalias.

     –¿Pero no sintió nunca la necesidad de arriesgarse y salir?

   –No salí entonces porque los mismos que estuvieron entonces en el poder seguían ocupando los principales puestos de la Administración. Con arreglo a la ley podía perfectamente haber dejado el encierro en 1968 (1969) cuando Franco dio aquella amnistía que jamás llegó a cumplirse. Pero igual, pensaba yo, venía alguien por aquí, me daba un estacazo y una vez el hecho consumado a ver a quién íbamos a reclamar.

En 1977 don Protasio seguía desconfiando de algunos vecinos de su pueblo, a los que había visto aporrear puertas vestidos de falangistas. Ahora muchos de ellos se autoproclamaban demócratas e incluso militaban en el PSOE. Pero más valía prevenir…


Referencias

(1) Gaite, 1994, p. 415.


 

Bibliografía

  • Aracil, A., 1944, Dolor y Triunfo. Héroes y mártires en los pueblos de Andalucía durante el Movimiento Nacional, Tipografía Católica Casals, Barcelona.
  • Casanova, J., 1992, El pasado oculto. Fascismo y violencia en Aragón (1936- 1939), Siglo XXI, Madrid.
  • Constenla, T., 2010, “Bajo la madriguera de la dictadura”, Elpaís.com de 31 de diciembre. Disponible en: https://elpais.com/diario/2010/12/31/cultura/1293750002_850215.html [06 septiembre 2017]
  • Gaite, J., 1994, Fondos de Guerra Civil y Posguerra en la Sección Fondos Contemporáneos del Archivo Histórico Nacional, Espacio, Tiempo y Forma, Serie V, H. Contemporánea, nº 7, Madrid.
  • Gómez, G. y Marco, J., 2011, La obra del miedo. Violencia y sociedad en la España franquista (1936-1950), Península, Barcelona.
  • Mijas Comunicación, S.A., 2012,  “Los ‘30 años de oscuridad’ del topo de Mijas, nominados a los Goya”, mijascomunicación.org de 3 de febrero. Disponible en: http://www.mijascomunicacion.org/index.php/reportajes/item/1318-los-%E2%80%9830-a%C3%B1os-de-oscuridad%E2%80%99-del-topo-de-mijas-nominados-a-los-premios-goya [06 septiembre 2017]
  • Prada, J., 2010, La España masacrada. La represión franquista de guerra y posguerra, Alianza, Madrid.
  • Preston, P., 2006, El holocausto español: Odio y exterminio en la Guerra Civil y después, Debate, Barcelona.
  • Rivera, A., 2014, “Los topos del franquismo”, elcorreo.com de 30 junio. Disponible en: http://www.elcorreo.com/bizkaia/sociedad/201407/30/topos-franquismo-20140730084120.html [06 septiembre 2017]
  • Sevillano, F., 2004, Exterminio. El terror con Franco, Oberon, Madrid.
  • Torbado, J. y Leguineche, M., 1999, Los topos, EL PAÍS-Aguilar, Madrid.
  • Valladolid, A., s.f., “Treinta y ocho años escondido por temor a las represalias”, Fundación Juan March. Disponible en: https://linz.march.es/documento.asp?reg=r-49753 [06 septiembre 2017]

Antonio Gonzalez Aguayo

Licenciado en Historia y Escenografía teatral. Colaborador en varias revistas digitales, profesor eventual y funambulista cada fin de mes. “Si Bill Gates y Stephen Hawking hubieran estudiado Humanidades, ahora mismo escribirían en Khronos”, anónimo.

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